¿Se ha preguntado alguna vez qué hace que un pueblo no se pierda cuando cambian sus calles y el tiempo parece borrar las huellas de su historia? En San Antonio de los Baños, la respuesta tiene lugar en la identidad que le dan el río, el humor y su gente.
Desde su fundación hasta la fecha, San Antonio de los Baños ha acogido y adoptado a innumerables personas. Este terruño abrió los brazos a muchas hazañas y logros, a tradiciones, conflictos y progreso.
De ahí parte ese sentido de pertenencia. Porque en estas vías y casas —que han cambiado— se observa el pasado y la conservación de esos recursos y anhelos del Ariguanabo.
Esa memoria viva, con creación popular y orgullo cotidiano, hoy, más que nunca, nos invita a preguntarnos: ¿cómo fortalecer ese legado para que no se convierta solo en recuerdo?
La Villa del Humor es cuna de Eduardo Abela y René de la Nuez, creadores de personajes que se convirtieron en símbolos de la cubanía. A ello se suman sus Bienales Internacionales, el Museo del Humor del país, las peñas y la manera de hablar de los ariguanabenses. También cuenta el sentir esta tierra como suya y el que les duela todo lo que no sale bien.
Esa es la esencia. Exige acciones concretas. Es la que apuesta por recuperar ese legado vivo, ese que se aprecia cuando los niños recorren el Bosque Martiano.
Debemos procurar que perduren los espacios de expresión popular. Y nuestra radio, sí, digo nuestra emisora, porque es de toda la comunidad y se debe a ella: Radio Ariguanabo, con más de cincuenta años de historia, es símbolo de identidad cultural y comunicación popular.
Pero tenemos en nuestras manos un desafío mayor. El deterioro urbano y la pérdida de valores, por mencionar algunos, amenazan con borrar las huellas de esa villa orgullosa de su esencia.
La identidad se cultiva. Se forja con educación patrimonial en las escuelas, con el rescate de las controversias y las décimas que hizo el legendario Ángel Valiente, con el orgullo de decir «soy ariguanabense» sin que suene a nostalgia.
San Antonio de los Baños tiene un río que nace y muere en su propio territorio. Esa es una metáfora exacta de lo que significa identidad: un caudal que no depende de nadie más que de su propia gente para no secarse.
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