La ética, entendida como la reflexión sobre nuestros valores, decisiones y modos de actuar, se ha convertido en uno de los temas más urgentes del siglo XXI.

En un contexto global marcado por la polarización política, la desinformación, el avance acelerado de la tecnología y la crisis de confianza en las instituciones, el Día Mundial de la Ética —celebrado cada tercer miércoles de octubre— invita a detenernos y pensar en la brújula moral que guía nuestras acciones.

Fue establecido en 2014 por el Carnegie Council for Ethics in International Affairs, con el objetivo de promover la reflexión colectiva sobre los principios que orientan la toma de decisiones en la vida personal, profesional y pública. Desde entonces, más de 100 países participan cada año en actividades, debates y campañas que buscan fortalecer la cultura ética en las sociedades contemporáneas. En su edición de 2026, el lema “Volver a centrar la ética” subraya la necesidad de recuperar valores como la honestidad, la responsabilidad y la transparencia frente a los desafíos actuales, desde la inteligencia artificial hasta la crisis climática.

La palabra ética proviene del griego êthos, que significa costumbre o modo de ser. Esta raíz etimológica revela que la ética no se limita a determinar lo que es “bueno” o “malo”, sino que busca comprender las acciones humanas desde sus hábitos, motivaciones y cualidades. El Dr. Manuel Berron, investigador del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (CONICET–UNL), explica que la ética es una disciplina filosófica que estudia problemas sin presupuestos, analiza la forma en que pensamos y distingue razonamientos correctos de los incorrectos. La ética, afirma, es crítica por naturaleza, busca separar, juzgar y comprender.

Diversas personalidades y especialistas coinciden en que la ética es hoy una urgencia. La filósofa Sonia Domínguez Ramírez sostiene que la ética es “la brújula que mantiene orientada a la humanidad”, especialmente en un mundo donde la impunidad y la desinformación erosionan la confianza social.

El Día Mundial de la Ética recuerda que los valores deben estar presentes en todos los ámbitos. En la educación, promoviendo respeto, solidaridad y responsabilidad desde edades tempranas. En el trabajo, al fomentar la honestidad, el compromiso y el trato justo. En las instituciones públicas, como garantía transparencia y rendición de cuentas. En el periodismo, asegurando información verificada y respeto por las personas. En la tecnología, enfrentando desafíos como la privacidad, la protección de datos y la proliferación de noticias falsas.

Una de las aportaciones más interesantes desde la filosofía es la idea de que la ética no busca juzgar acciones como “buenas” o “malas”, sino comprender la diversidad humana. Según Javier Huiliñir Curío, docente de la Universidad Santo Tomás, la ética nos invita a preguntarnos por qué actuamos como actuamos, y a reconocer que nuestras costumbres y modos de ser son distintos, sin que ello implique necesariamente un juicio moral.

Cada 21 de octubre se celebra el Día Mundial de la Ética como un llamado a colocar los valores en el centro de las decisiones personales, empresariales y gubernamentales. La ética, como señalan los especialistas, no es una panacea, pero sí un proceso real para construir soluciones colaborativas, respetuosas y sostenibles.

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