Amigo, amiga que me lee. Hoy quiero detenerme en un grupo de personas que, sin hacer mucho ruido, cumplen una labor fundamental en nuestra economía. Me refiero a quienes trabajan la tierra, quienes cuidan cada hoja, quienes la transforman en las fábricas y quienes la llevan hasta el comercio. Ellos son los que mantienen viva la industria del tabaco.
En Cuba, esa tradición es muy profunda. En San Antonio de los Baños, un municipio con tantos años de experiencia veguera, hay hombres y mujeres que cada día ponen lo mejor de sí. Gracias a ellos, se garantiza el acceso al producto y se dinamiza todo un circuito comercial. Su actividad, además, despierta un efecto positivo en otros sectores: el transporte, las tiendas minoristas, incluso la publicidad.
¿Cómo contribuyen estos trabajadores al país?
Fijémonos en tres puntos clave.
Primero: generan empleo directo e indirecto. Desde los campos hasta las ciudades, el tabaco crea miles de puestos de trabajo. En San Antonio, muchas familias encuentran en esta labor un sustento digno, lo que ayuda a mejorar la calidad de vida y a reducir la pobreza.
Segundo: los impuestos que se aplican a los productos del tabaco representan un ingreso importante para el presupuesto nacional. Ese dinero se destina a servicios sociales, programas de salud y escuelas. Es una contribución real y medible.
Tercero: fomentan el desarrollo regional. Al impulsar la actividad económica en zonas rurales, se evita que las personas tengan que emigrar masivamente hacia las grandes ciudades. Así se logra un crecimiento más equilibrado del territorio.
Estos hombres y mujeres, que participan en cada eslabón de la cadena, son más que simples empleados. Poseen un saber heredado, una dedicación constante y un oficio que merece respeto. No digo que sean superhéroes ni pretendo adornar su realidad. Digo que son personas valiosas, que cumplen su tarea con dignidad, y que sostienen una industria compleja y necesaria para países como el nuestro.
Reconocer su papel no es vanagloriarlos, sino entender lo que aportan. Y ese entendimiento es el primer paso para construir un sector más justo, eficiente y sostenible.
En San Antonio de los Baños, hay muchos héroes anónimos. Héroes de manos callosas, de frente al sol, de trabajo silencioso.
Maybeline Matamoros Álvarez
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