San Antonio de los Baños, Artemisa, Cuba. – Fernando García es un ariguanabense enfrascado en aprender el oficio de tabaquero. Aunque aún no se gradúa, expresa cuán difícil ha sido este objetivo para él.
«Fue muy difícil, muy difícil, yo llegué a pensar que no podía, que no podía hacerlo. Llegué a pensar, pero me puse ahí, esfuerzo y esfuerzo, y con un profesor delante que cada vez que llegaba me decía, te falta, dale para atrás, arregla otra vez, y arregla otra vez, y vuelve, y vuelve, y así consecutivamente, todos los días ahí dándole, dándole, dándole, y pude sacar esto adelante, pero fue difícil, para mí fue difícil, créeme que sí, no tenía las habilidades que tienen estos muchachos aquí, me faltaba, pero todo está bien, como dice él, eso depende de ti, te lo pones en la cabeza, no puedes ponerte en la cabeza con peso número uno, dale adelante, y sal».
Fernando García es la viva imagen de la perseverancia y la capacidad de superación. Su testimonio revela una profunda humildad para reconocer sus dificultades iniciales, pero también una determinación inquebrantable para no rendirse. Su historia destaca la resiliencia de quien, ante la duda, elige el esfuerzo constante; la disciplina para repetir y corregir incansablemente; y la apertura al aprendizaje, aceptando con respeto la guía exigente de su maestro.
Él demuestra las cualidades fundamentales de un verdadero artesano: paciencia, tenacidad y una firme convicción en que el éxito depende de la actitud propia. Su triunfo no es solo aprender un oficio, sino la forja de un carácter fuerte, capaz de «ponerse en la cabeza» un objetivo y llevarlo adelante, paso a paso, hasta conseguirlo. Fernando encarna el espíritu del buen tabaquero y del luchador cubano: hecho a base de dedicación, tiempo y fe en sí mismo.
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