Caminar hoy por las calles de San Antonio de los Baños nos devuelve una imagen que va más allá de su tradicional paisaje de río y caricaturas. Las «acciones en los barrios en transformación» han dejado de ser un concepto institucional para convertirse en una realidad palpable en nuestras comunidades ariguanabenses; un proceso necesario de rehabilitación que toca tanto lo físico como lo social. Pero, ¿cómo se siente este cambio en nuestra Villa?

Lo primero que salta a la vista en nuestros barrios es la recuperación de espacios vitales. Sin embargo, para el habitante de San Antonio, el éxito de estas obras no se cuantifica, la verdadera esencia de este cambio radica en el empoderamiento de los ariguanabenses.

En San Antonio de los Baños, el diálogo entre las autoridades y el pueblo ha ganado un terreno fértil. No se trata simplemente de que «lleguen los recursos para arreglar», sino de que la propia comunidad —esa que conoce cada bache y cada necesidad— sea quien identifique y defienda sus prioridades. El gran reto de nuestra Villa sigue siendo la sostenibilidad. De nada sirve inaugurar un centro o rehabilitar un parque si no existe ese compromiso colectivo, ese sentido de pertenencia que nos caracteriza, para cuidarlo y mantenerlo vivo.

Es cierto, la transformación es un camino con pendientes empinadas. En San Antonio aún nos duelen temas críticos como el abasto de agua, el fondo habitacional y la preservación de nuestro entorno natural. Pero la voluntad de intervenir allí donde la vulnerabilidad golpeaba con más fuerza es un paso de gigante.

Al final del día, transformar el barrio en la Villa del Humor es mucho más que obra pública; es rescatar nuestra historia, fortalecer la identidad y, sobre todo, devolverle la dignidad y la esperanza a su gente.

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