Cuando el empleado está en el teléfono mientras usted espera, no es distracción: es maltrato. Cuando no le dan el peso exacto, no es error: es robo. Y cuando le venden un plato incompleto, no es casualidad: es deshonestidad.
En San Antonio de los Baños tenemos de todo. Lo bueno: la panadería al lado del correo. Atienden bien, son rápidos, aceptan transferencia y cumplen lo que ofrecen. Ahí no hay trampa. Eso es hacer las cosas como deben hacerse.
Lo que duele cuando usted paga un plato completo y recibe menos. Eso no es justo. Y lo que es delito: las balanzas que mienten. Pagar 500 gramos y llevarse 400 es una estafa. No es un «problema de inventario»: es un robo a su bolsillo y a su confianza.
Considero que no se trata de señalar con el dedo a todos. Hay trabajadores dignos que se esfuerzan cada día y merecen respeto. Pero los que engañan, los que roban y los que maltratan tienen que saber que el cliente ya no se calla.
Por eso, hagamos todos lo que nos toca:
· Usted, consumidor: exija ver la balanza, pida que le atiendan bien, devuelva lo que viene mal. Reclame con educación, pero reclame.
· Nosotros, la radio: vamos a seguir nombrando lo que funciona y lo que no.
· Y a los que sirven: recuerden que detrás del mostrador hay una persona que paga, espera y confía. No defrauden esa confianza.
En San Antonio, como en toda Cuba, calidad, peso exacto y buen trato no son favores: son derechos. Y los derechos se exigen y se defienden.
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