Hoy, en el Día Mundial del Turismo, es inevitable mirar hacia Cuba y reconocer no solo la inmensa belleza de sus paisajes, su cultura vibrante y la hospitalidad inigualable de su gente, sino también el derecho inalienable que tiene esta isla de desarrollarse plenamente como destino internacional. Hablar de turismo es hablar de encuentros, de intercambio de saberes y de la construcción de puentes entre los pueblos del mundo; es celebrar la oportunidad de mostrar lo mejor de nuestra tierra a quienes vienen con el corazón abierto a descubrir nuevos horizontes.

El turismo es, sin duda, una de las actividades humanas más nobles. Cuando un visitante llega a Cuba, no solo busca sol y playa; busca historia, música, sabores y esa calidez humana que nos caracteriza. En este contexto, Cuba apuesta por un modelo de desarrollo turístico que mira hacia el futuro: un turismo sostenible, moderno y abierto al mundo. Se trata de una visión que busca integrar el respeto por nuestra biodiversidad con la modernización de infraestructuras y servicios, garantizando que el viajero viva una experiencia inolvidable mientras se preserva el tesoro natural que es nuestro archipiélago.

Sin embargo, para que este sueño sea una realidad plena, es fundamental reflexionar sobre los obstáculos. No se puede hablar de un turismo justo y globalizado cuando existen medidas coercitivas que, lejos de ser barreras comerciales, se convierten en muros que limitan el derecho de un pueblo a prosperar y a abrirse al mundo. Esos impedimentos no solo frenan la economía; frenan la posibilidad de que personas de todas las naciones puedan acercarse a conocer la realidad cubana, eliminando así la oportunidad de diálogo que el turismo, por naturaleza, fomenta.

La soberanía turística de Cuba es, en esencia, la defensa de su derecho a crecer por cuenta propia, sin condicionamientos externos que entorpezcan su marcha. Imaginemos, por un momento, todo el potencial que aún está por florecer. Un turismo que, libre de ataduras, pueda conectar mejor con las nuevas tecnologías, con el turismo ecológico y de aventura, y con esa esencia cultural que tanto atrae al mundo. Ese es el camino que se desea transitar: uno donde la hospitalidad cubana sea el único requisito para recibir a los visitantes.

En este día, alzamos la voz no solo por el turismo como industria, sino por el turismo como un derecho universal. Un derecho de los cubanos a compartir su cultura y de los viajeros del mundo a descubrirla sin censuras ni impedimentos. Sigamos soñando con una Cuba que brille como un destino de paz, de puertas abiertas y de futuro, donde cada visitante se lleve un pedacito de nuestra esencia y deje también un poco de la suya. ¡Ese es el mejor turismo que podemos construir!

Erica De la Nuez
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