Si el 1° de agosto es el día en que Latinoamérica le agradece a la Pachamama por sus dones, en San Antonio de los Baños el agradecimiento tiene un nombre propio y un marco legal: el Paisaje Natural Protegido Valle del Río Ariguanabo.

La cosmovisión andina nos enseña que la Tierra no es un objeto, sino un ser vivo que nos sostiene. Hoy, esa filosofía se traduce en el trabajo incansable de especialistas —biólogos, geólogos, geógrafos— y los dedicados miembros de la Fundación Ariguanabo. Ellos han entendido que «venerar» a nuestra Madre Tierra en el siglo XXI también significa protegerla mediante la ley y el ordenamiento territorial.

Durante mucho tiempo, el río Ariguanabo, con su valioso bosque de galería, fue visto como un «terreno de nadie», una vulnerabilidad que dejaba a este ecosistema desprotegido ante la contaminación y el descuido. Sin embargo, gracias al esfuerzo colectivo, el panorama ha cambiado radicalmente.

Con la aprobación unánime del acuerdo 213 de 2021 por parte de la Administración Provincial, bajo la gestión del gobernador Ricardo Concepción Rodríguez, el río ha sido catalogado como Área Protegida de Significación Local. Este es un paso gigante: es el Estado y la comunidad dándole un lugar de honor al río, reconociendo su valor para la vida y la biodiversidad.

Tal como señala el Doctor en Ciencias Giraldo Alayón, presidente de la Fundación Ariguanabo, este logro marca el inicio de una etapa emocionante. Al obtener este estatus legal, el Ariguanabo deja de ser invisible ante la ley para convertirse en un proyecto de futuro:
Se abre la puerta para desarrollar un plan de manejo que permita, paso a paso, descontaminar sus aguas.La colaboración con la Asociación Canaria y otros actores locales permitirá impulsar el turismo de naturaleza e histórico, demostrando que cuidar la tierra también es una forma de generar bienestar para la comunidad.

Celebrar la Pachamama en el Ariguanabo ahora tiene un significado mucho más profundo. No se trata solo de ofrecer semillas o hierbas al suelo, sino de ofrecer seguridad jurídica y compromiso científico. Cuando los miembros de la Fundación trabajan por el río, están realizando, en esencia, la ofrenda más grande que la naturaleza puede recibir: la garantía de que su belleza y su fertilidad serán preservadas para las generaciones venideras.

El Ariguanabo es un tesoro protegido, un recordatorio de que cuando los seres humanos nos unimos con el propósito de proteger nuestra «Pacha» local, los frutos, tanto los de la cosecha como los de la gestión ambiental, son abundantes.

Janet Pérez Rodríguez
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