Si hay un lugar en Cuba donde deberíamos entender la comunicación como algo más que un simple titular, ese es San Antonio de los Baños. No solo por ser cuna de escritores o hogar de la EICTV, sino porque aquí, en el día a día, la gente común se convierte en su propio medio de prensa para sobrevivir y hacerse escuchar.
El periodismo de estos tiempos, aterrizado en las calles de Ariguanabo, vive una paradoja enorme. Mientras en el mundo se debate sobre inteligencia artificial, aquí lo urgente es algo mucho más básico: que la gente tenga información útil para enfrentar el día a día.
La realidad informativa en San Antonio tiene varias caras. Por un lado, está el periodismo institucional, que muchas veces llega con cuentagotas a barrios como el Reparto 17 de Abril o El Palenque, por citar ejemplos. Pero por otro lado —y cada vez con más fuerza— está la comunicación que nace desde el propio pueblo: el vecino que transmite en vivo porque lleva tres días sin luz, la madre que denuncia la falta de agua en el reparto, o el jubilado que se angustia al no acceder a su jubilación en efectivo y además comparte la foto de un bache, no por molestar, sino porque alguien se puede caer y perder la vida.
San Antonio es un laboratorio social de lo que significa informar hoy. Aquí, ser periodista ya no es solo redactar una nota. Es el trabajador por cuenta propia que visibiliza lo que nadie dice y sobre todo, el ciudadano común que, armado con un celular, se convierte en el primer cronista de su propia realidad, ya sea desde las calles de El Palenque, desde el polvo de El Borgita, o desde cualquier rincón de esta villa.
Pero ojo: el periodismo que necesitamos en San Antonio no puede conformarse con contar lo que pasa. Tiene que alertar. Tiene que encender las alarmas cuando algo anda mal. Tiene que servir de puente entre el que sufre el problema y el que puede resolverlo. Tiene que ayudar a combatir lo mal hecho: la burocracia, la indolencia, la deficiente calidad de servicios vitales.
Pero también tiene que resaltar los esfuerzos que se hacen. Porque en este pueblo hay mucha gente buena echando pa’lante. El vecino de El Palenque que organiza la limpieza de un solar, la enfermera que no para aunque le falten medios, el maestro que da clase con la última gota de energía, los campesinos que producen alimentos. Eso también es noticia. Eso también merece ser contado.
El desafío para nosotros, los ariguanabenses, es no dejarnos vencer por el desaliento. Necesitamos un periodismo que no se quede en el posteo fácil, sino que se involucre, que investigue, que moleste a quien tenga que molestar cuando haya que defender al de a pie. Un periodismo que ponga el dedo en la llaga de los problemas reales: el transporte, la vivienda, la electricidad, la comida, el agua, la salud.
Porque en San Antonio, la mejor noticia no es la que llega primero, sino la que ayuda a resolver algo. La que tiene el coraje de señalar lo que no funciona y el cariño de reconocer lo que sí. Con el humor que nos caracteriza, la solidaridad que nos distingue y la dignidad de un pueblo que, entre apagones y problemas, sigue adelante.
Ese es el periodismo que necesitamos en Ariguanabo. El que no solo informa, sino que alerta. El que no solo denuncia, sino que sirve. El que no solo critica, sino que ayuda a construir una sociedad con todos y para el bien de todos, como dijo José Martí.
- Cultivando alimentos para una alimentación sana - 12 de marzo de 2026
- Periodismo para construir - 12 de marzo de 2026
- Eficiencia en tiempos de déficit energético - 7 de marzo de 2026
