Estimular y fortalecer la combatividad ciudadana implica promover la participación de las personas en el cuidado del orden y la convivencia. Este enfoque permite sumar voluntades, generar responsabilidad y sostener normas que regulan la vida común. Cuando la población actúa, observa y comunica, se reduce el espacio para conductas que afectan servicios, espacios y relaciones. También se refuerza la confianza entre vecinos y autoridades, y se crea un circuito de atención que corrige fallas y previene hechos que dañan a la comunidad.
Existen resultados positivos cuando se impulsa esta práctica. Se logra mayor presencia en barrios, se incrementa la cooperación y se facilita la prevención. Sin embargo, también aparecen límites. A veces surge cansancio, falta de coordinación o respuestas tardías. En otros casos, se confunde el control con el conflicto, lo que genera roces y desinterés. Si no hay orientación clara y seguimiento, la iniciativa pierde fuerza y no alcanza cambios sostenidos.
En San Antonio de los Baños, este tema se conecta con la vida diaria en parques, paradas y calles. La acción vecinal puede ordenar el uso de espacios, apoyar el cumplimiento de horarios y reportar hechos que afectan el entorno. Al mismo tiempo, la falta de constancia permite que se repitan prácticas que alteran la convivencia y facilitan la manipulación de conflictos. La clave está en integrar a los actores del territorio y mantener canales de diálogo y respuesta.
Un ejemplo ocurre cuando un grupo de vecinos organiza recorridos y comunica incidencias como vertimientos, ruidos fuera de horario o uso indebido de áreas comunes. Con ese reporte, las entidades actúan y corrigen. Si ese paso no existe, la conducta se repite y se normaliza. ¿Puede la participación sostenida reducir acciones que favorecen la subversión? Sí, porque el control colectivo limita el aprovechamiento de brechas y refuerza la cohesión del barrio.
En mi opinión estimular y fortalecer esta combatividad requiere constancia, orientación y respeto. Debe apoyarse en la educación cívica, la comunicación y la respuesta oportuna. Así se evita el desgaste y se convierte la participación en hábito. En San Antonio de los Baños, avanzar por este camino ayuda a cuidar la convivencia y a cerrar espacios a prácticas que dañan la vida común.
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