El empoderamiento de la mujer cubana es verdaderamente inspirador, desde aquellas primeras sufragistas hasta las profesionales y líderes políticas de hoy. La lucha de la mujer cubana por sus derechos, culminando con el sufragio en 1934, sentó las bases para su empoderamiento futuro. Hoy, son protagonistas en la política nacional, la educación y la salud, contribuyendo decisivamente al bienestar social.

Sin embargo, el camino hacia la igualdad plena continúa, con desafíos pendientes en la corresponsabilidad doméstica, la violencia de género y el acceso a puestos de decisión a nivel local. Su lucha y contribución han sido, sin duda, uno de los pilares más fuertes de la sociedad. Ana Betancourt, en la Asamblea de Guáimaro (1869) puso al descubierto la valía de la mujer cubana, esa que no reconoce obstáculos cuando de derechos se trata.

Después del triunfo revolucionario con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) se impulsó políticas masivas de educación, salud e incorporación laboral femenina. En la Asamblea Nacional el 55.7 POR % de los escaños son ocupados por mujeres. Ellas ocupan un eslabón esencial en nuestra sociedad.

Para la mujer cubana no existen barreras ni en el estudio, la investigación, el trabajo tanto en el campo como en las zonas urbanas. En el Ariguanabo la mujer lidera cada centro de trabajo y estudio. Su aporte hace de este terruño un lugar meritorio. En el instituto de investigaciones del tabaco, en el laboratorio de parasitología, en las escuelas, hospitales y policlínicos ellas resaltan su accionar en bien de todos los habitantes de esta Villa.

Olga Álvarez Suárez
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