Nacido bajo el sol de Artemisa, el 9 de abril de 1926, en la calle Colón, entre Zenea y Agramonte, José Ponce Díaz creció en la sencillez de una familia de cinco hermanos donde su padre barbero y su madre ama de casa tejían sueños con hilo y esperanza. Su infancia se vio marcada por el canto de los pájaros y el aroma del café recién hecho, pero también por la llama inextinguible que ardía en su pecho: la pasión por un futuro mejor.
Desde temprana edad, José se adentró en el mundo del papel y la tinta. Con solo catorce años, aprendió a imprimir en la imprenta Robaina, al lado del Teatro Juárez, y más tarde trabajó en un pequeño taller de la calle República No. 4. Su talento lo impulsó a emprender su propia imprenta, “Imprenta Hermanos Ponce”, donde cada letra que imprimía llevaba el eco de la revolución que latía en su alma.
Con el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, cuando Fulgencio Batista afianzó su tiranía, José se unió al Movimiento Revolucionario de Artemisa como ferviente militante del Partido Ortodoxo. Junto a compañeros como Ramiro Valdés, Pepe Suárez, Guillermo Granados Lara y otros valientes artemiseños, forjó las primeras células clandestinas que se erigieron como baluartes contra la opresión.
El día 26 de julio de 1953, cuando el Cuartel Moncada se convirtió en escenario de la valentía y la sangre derramada por los sueños libertarios, José Ponce Díaz fue uno de los escogidos para participar en aquel acto heroico. Aunque resultó herido y posteriormente condenado a prisión en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, su espíritu nunca fue quebrantado; fue amnistiado en 1955 y continuó su lucha con renovada pasión.
Tras un breve exilio, regresó a Cuba a bordo del Yate Granma. En Alegría de Pío fue herido gravemente y capturado, enviándose nuevamente a prisión. Sin embargo, su compromiso con la causa no flaqueó: tras el triunfo revolucionario cumplió misiones internacionalistas en Angola, Argelia y Siria, llevando consigo la bandera cubana y el mensaje universal de libertad.
José Ponce Díaz es más que un nombre histórico; es una inspiración viva que nos recuerda que la determinación humana puede convertir los sueños más audaces en realidades palpables. Su vida es un canto a la resistencia y un testamento eterno del poder del corazón humano cuando se alinea con la justicia.
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