En San Antonio de los Baños, el tatami ha sido testigo de la historia de Dianelyn Fara y Naikyn de Coro, una pareja que ha convertido el judo en un proyecto de vida compartido. Unidos en el deporte y en la vida, han logrado mantener a su municipio en lo más alto del judo provincial durante nueve años consecutivos.
La preparación de sus atletas es rigurosa y constante. Muestra de ello es el reciente título de campeones provinciales, que confirma el mérito alcanzado por derecho propio. Como explica Dianelyn: “Desde julio empezamos a trabajar… tuvimos entrenamiento en playa, hicimos loma, escalera, grada, y fue una buena preparación.” Ese esfuerzo se tradujo en resultados impecables: “De ocho niños que llevamos, fueron ocho medallas en el masculino. No se le marcó ni un tanto, ni un punto a ningún atleta de nosotros.”El camino al éxito no ha sido fácil. La entrenadora reconoce el sacrificio que implica para todos: “Son las ocho de la noche a veces, y estamos entrenando con lámparas. Cuando le decimos dieta a los niños, imagínate si para un adulto es difícil, para los niños aún más.” Y subraya un factor clave: “Fundamental es el apoyo de los padres. Sin ellos no pudiéramos lograr todas estas cosas.”
Más allá de los tatamis, lo que distingue a esta dupla es la unión personal y profesional. “Llevamos veintiséis años, a veces uno dice, ¿de qué hablan? Bueno, hablamos de judo en la casa, y son cosas que, nada, el cariño se mantiene vivo.”
Dianelyn también compartió cómo logra equilibrar su vida personal con las exigencias del judo. “Siempre he puesto como prioridad mi trabajo. Yo trato de hacer las cosas de la casa lo más rápido que se pueda, pero siempre le doy prioridad a mi trabajo. No es que diga, porque tengo que hacer esto, no voy a ir a trabajar, no. Y creo que por eso es que salen los resultados, por el empeño.”Su mayor satisfacción no está en los reconocimientos personales, sino en ver triunfar a sus atletas. “La mayor satisfacción para nosotros es que nuestros atletas lleguen a una nacional, a un equipo nacional. Y entonces ahí es cuando nosotros decimos, valió la pena. No es el reconocimiento de nosotros los entrenadores, no, para nada, es cuando vemos a esos atletas triunfar”, precisó.
Ese vínculo ha sido la base de un proyecto deportivo que forma campeones y demuestra que el amor puede ser disciplina, entrega y trabajo en equipo. En este 14 de febrero, la historia de Dianelyn y Naikyn recuerda que el amor también puede ser un proyecto deportivo. Que cuando dos personas empujan en la misma dirección, los triunfos se multiplican. Y ese legado se refleja también en su hijo Naikiel, quien sigue los pasos de sus padres como practicante de judo.
Fotos tomadas del perfil de Facebook de Dianelyn Fara
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