Bayamo, conocida como la Ciudad Antorcha, debe este nombre a la decisión extrema que tomaron sus habitantes. Un día como hoy, en 1869, prefirieron prenderle fuego antes de verla capturada por las fuerzas españolas.

Cuando las tropas del Conde de Valmaseda llegaron el 12 de enero de 1869, solo encontraron una ciudad en ruinas y humeante. Esta plaza, que había sido la primera capital de la República de Cuba en Armas bajo el gobierno independentista de Carlos Manuel de Céspedes, les fue arrebatada de esa manera heroica.
Transcurridos apenas diez días del inicio de la guerra, y al verse superados por las columnas enemigas que la amenazaban, los bayameses optaron por la destrucción antes que la rendición y el retorno al dominio colonial.
Este acto de incendiar la ciudad fue una prueba del profundo patriotismo, la valentía y el desprendimiento de su pueblo. Ante la disyuntiva, la mayoría eligió unirse a la lucha en la manigua, enfrentando toda clase de privaciones con tal de alcanzar la libertad de Cuba.
El sacrificio de Bayamo marcó un precedente de resistencia máxima. Otras localidades cubanas, como Guáimaro, Las Tunas, Jaruco y San Jerónimo, seguirían después su ejemplo, siendo también consumidas por el fuego del patriotismo.

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