Hay nombres que se graban en el asfalto de las calles y en el sudor de los estadios, no por la gloria de una medalla, sino por la nobleza de una idea. En la Villa del Humor, donde el río Ariguanabo susurra historias de hombres ilustres, existe una crónica que merece ser contada con el ritmo de una carrera de fondo: la historia de la Peña Deportiva Terry Fox y su eterno capitán, Manuel Espinosa Alemán.

Corría el año 1960, un tiempo de sueños fundacionales y de una efervescencia social que lo transformaba todo. En ese contexto, Manuel Espinosa, un hombre cuya fe en el deporte solo era superada por su fe en el ser humano, comenzó a gestar lo que sería un refugio para los amantes de la actividad física y la solidaridad.

Aunque el mundo conocería la gesta heroica del joven canadiense Terry Fox años más tarde —aquel titán que corrió contra el cáncer con una pierna de metal y un corazón de fuego—, Manuel ya llevaba en su ADN el mismo espíritu de resistencia. Fue así como, con el tiempo, la Peña tomó ese nombre sagrado, convirtiéndose en un faro de esperanza para San Antonio de los Baños.

Bajo la dirección de Espinosa Alemán, la Peña no fue solo un lugar para discutir de béisbol o planear maratones. Fue una escuela de vida. «Manolo», como muchos le llamaban, entendió que el deporte era el lenguaje más puro para unir a la comunidad. Bajo su mando, los parques se llenaron de veteranos que recuperaban el aliento y de jóvenes que descubrían que la meta no es llegar primero, sino no rendirse jamás.

La constitución de esta Peña en el complejo escenario de los años 60, marcó un hito en el movimiento deportivo ariguanabense. Manuel Espinosa no buscaba reflectores; buscaba salud, buscaba disciplina y, sobre todo, buscaba que cada cubano viera en la lucha de Terry Fox un reflejo de nuestra propia resiliencia.

Hoy, cuando vemos a cientos de ariguanabenses lanzarse a las calles en cada Carrera de la Esperanza, el eco de Manuel Espinosa Alemán sigue presente. Se escucha en el silbato de salida, en el aplauso del vecino y en la voluntad de hierro de quienes corren por la vida.

La Peña Deportiva Terry Fox no es solo un registro en un libro de historia; es el testimonio vivo de que un hombre con una idea y un pueblo con voluntad pueden hacer que la esperanza corra más rápido que cualquier olvido. Gracias, Manuel, por enseñarnos que en el Ariguanabo, el deporte es, ante todo, un acto de amor.

Adrian Torres Rodríguez
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