El comentario sobre la instructora de arte cubana Olga Alonso no puede ser otro que el de reconocerla como la esencia misma de la vocación y la entrega. Su historia es la de una joven habanera, de tan solo 16 años, que en 1961 respondió al llamado de Fidel Castro para sumarse a la primera Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA) y librar la «batalla contra la incultura». Tenía una sensibilidad que desbordaba el aula de Comercio donde estudiaba, Olga decidió que su lugar estaba en la trinchera de la enseñanza artística.
Su grandeza no residió solo en graduarse como la mejor expediente de su curso en la especialidad de Teatro, sino en su disposición a llevar ese conocimiento a los lugares más recónditos del país. Al llegar a Fomento, en el centro de Cuba, esta muchacha «dinámica, imaginativa, pícara y muy sensible» —como la describía su madre— no se limitó a impartir clases; creó grupos de teatro para niños y adultos (como el famoso grupo de pantomimas «Chaplin»), fundó bibliotecas, impulsó consejos de cultura y hasta realizaba campañas para fomentar el buen hablar entre los campesinos. Demostró que el arte era una herramienta de transformación social y espiritual.
Trágicamente, su vida se truncó el 4 de marzo de 1964, a los 19 años, cuando el vehículo en el que viajaba para llevar cultura a una zona del Escambray sufrió un accidente fatal. Sin embargo, su muerte prematura selló su ejemplo para siempre. Aunque dejó de existir físicamente, se convirtió en el cimiento de un homenaje perpetuo.
Comentar sobre Olga Alonso es hablar de un legado que crece con el tiempo. Desde 1989, cada 18 de febrero (fecha de su nacimiento) se celebra en Cuba el Día del Instructor de Arte. Su nombre bautiza casas de cultura, festivales de teatro y brigadas juveniles. Como ella misma escribió en su diario poco antes de morir: «Sólo tenemos derecho a morir, cuando entreguemos a nuestros hijos el boceto del comunismo». Olga Alonso no solo entregó un boceto; entregó el alma, demostrando que una vida corta puede ser infinitamente grande si se vive con pasión y dedicación a los demás.
Dayamí Tabares Pérez
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