El agua es vida. Sin ella, no hay futuro. En Cuba, desde los primeros años de la Revolución, Fidel Castro alertó sobre la necesidad de cuidarla y usarla con racionalidad. Con visión clara, insistió en que cada gota debía aprovecharse, que el despilfarro era un enemigo del desarrollo y de la justicia social.

Hoy, cuando el mundo enfrenta sequías y cambios climáticos, sus palabras cobran más vigencia que nunca. Fidel nos enseñó que el agua no es infinita, que debemos protegerla como un tesoro común. Cuidar el agua es cuidar la patria, es defender la vida.

Su empeño se tradujo en proyectos hidráulicos, en campañas educativas y en la creación de una conciencia nacional sobre el ahorro. No se trataba solo de construir represas o canales, sino de sembrar en cada cubano la responsabilidad de preservar este recurso vital. Esa visión estratégica permitió que el país enfrentara con mayor preparación los retos ambientales y climáticos.

El legado está en nuestras manos: ahorrar, preservar y garantizar que las generaciones futuras disfruten de este recurso esencial.

 

Carmen Lieng Mena Lombillo
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