Haydée Santamaría Cuadrado y Melba Hernández Rodríguez del Rey, las dos únicas mujeres que participaron de forma directa en el asalto al Cuartel Moncada, aquel 26 de julio de 1953, salían por fin en libertad. Pues cumplieron siete meses de prisión. Siete meses que pesaron como una eternidad .

La historia de su encierro es también la historia de su grandeza. Condenadas en un primer momento a penas mayores, el tribunal las consideró presas políticas y las recluyó en el Bloque A, destinado a las reclusas de mejor conducta. Allí, incomunicadas del mundo exterior, solo se tenían la una a la otra. Podían recibir libros, sí. Pero el único sol que entraba en sus vidas era los días de visita familiar. Y aun así, nunca doblaron la rodilla.

Porque antes, cuando las torturaron de forma moral, para quebrarlas, ellas respondieron con una entereza que Fidel inmortalizaría después en su alegato: «Nunca fue puesto en un lugar tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana» .

Se negaron al indulto. Exigieron ser condenadas como sus compañeros. Porque la libertad no se mendiga. Se conquista. Y aquel 20 de febrero, al cruzar las puertas del reclusorio, el aire debió saberles a patria. Las esperaban sus padres, los padres de Haydée, su hermano Aldo. También Juan Manuel Martínez Tinguao, Luis Coné Agüero, y los revolucionarios de Guanajay: Ángel Eros, Pedro Esperón, Evelio Prieto .

Pero Melba y Haydée no se fueron a descansar. Su primer acto en libertad fue llevar una ofrenda floral a la tumba de Eduardo Chibás, el líder ortodoxo cuya memoria encendía aún la conciencia del pueblo.

Haydée fundaría la Casa de las Américas y se volvería faro de la cultura continental. Melba sería diplomática, diputada, heroína del trabajo. Pero esa mañana de febrero de 1954, cuando salieron de Guanajay, eran solo dos mujeres jóvenes con una certeza: perdieron hermanos, novios, compañeros. Pero no perdieron la fe. Ni el deber.

Hoy, recordarlas no es solo un acto de memoria. Es reconocer que la Revolución Cubana también se forjó en la entereza de dos mujeres que, entre rejas, aprendieron que la dignidad no tiene candados .

Shakira Mesa
Últimas entradas de Shakira Mesa (ver todo)

Deja una respuesta