LA SELECCIÓN cubana irá este miércoles a una presentación de vida o muerte contra Canadá, por el grupo A del VI Clásico Mundial de Beisbol (CMB), con sede en el Estadio Hiram Bithorn, de San Juan, Puerto Rico.

Cuba presenta balance de dos triunfos y un fracaso, en tanto el representativo de la hoja de arce exhibía cota de 1-1, antes de su partido de esta noche frente al local Puerto Rico, único con boleto asegurado para la venidera fase de cuartos de final.

Este contra los norteños será otro enfrentamiento inédito para Cuba, que el pasado domingo salió airosa 7×4 ante el elenco de Colombia, al que tampoco había visto en la historia de los CMB.

A pesar del balance positivo, no se puede tapar el sol con un dedo. La tropa de Germán Mesa apenas ha conectado 15 jits en tres partidos, y entre primer y segundo bates -Roel Santos y Yoan Moncada-, han firmado uno. Así se dificulta mucho fabricar carreras.

Si no se extirpa esa sequía ofensiva -y Canadá posee sólido cuerpo de serpentineros-, entonces Cuba estaría en peligro de no pasar por primera vez la ronda inicial.

No hablamos de enviar jugadores al banco. Más bien sería moverlos en la alineación.

No obstante, el excelente pitcheo conducido ahora por Jesús Bosmenier, ha solventado esa improductividad de los maderos.

Es cierto que ha presentado algunas lagunas con el control y con el dominio de sus comandos; pero apenas ha permitido nueve carreras en tres juegos, y eso es loable por la calidad de los bateadores que asisten a estos certámenes de corta duración, en los que el pitcheo más exquisito termina dictando sentencia.

Pero hay más. Reza el viejo adagio beisbolero, que cuando hay pitcheo, no hay bateo. Por eso -y algunos fundamentos más-, la escuadra cubana precisa tener listo un diseño para emplear a sus lanzadores, bastante similar al del debut contra los panameños.

Liván Moinelo como abridor frente a una tanda canadiense pletórica de bateadores zurdos, y a seguidas los intermedios Yariel Rodríguez, Enmanuel Chapman y Darién Nuñez, para dejar el cierre a Yoan López y al supersónico Raidel Martínez, este último dueño de los dos salvamentos cubanos.

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