Por: Hernán Yglesias

A veces la salud se pierde sin ruido. No hay dolor que alerte ni señales claras que obliguen a detener la rutina. La vida sigue, mientras algo tan esencial como la visión comienza a apagarse lentamente. Así ocurre con el glaucoma, una enfermedad que avanza de forma silenciosa y que hoy figura entre las principales causas de ceguera irreversible en el mundo.

Cada 12 de marzo se conmemora el Día Mundial del Glaucoma, una jornada dedicada a informar, prevenir y recordar que cuidar la vista también es una responsabilidad cotidiana. La enfermedad afecta al nervio óptico, encargado de transmitir la información visual desde el ojo hasta el cerebro. Cuando ese nervio se deteriora, la visión se reduce de manera progresiva, muchas veces sin que la persona lo note en las primeras etapas.

Los especialistas suelen describir el glaucoma como una amenaza silenciosa. Durante mucho tiempo puede no provocar molestias evidentes, mientras el campo visual comienza a disminuir, casi siempre desde la periferia. Cuando aparecen los síntomas más claros, el daño ya puede ser considerable. Por eso los médicos insisten en la importancia del diagnóstico temprano y de los chequeos periódicos.

En Cuba, el sistema de salud mantiene la vigilancia sobre esta enfermedad mediante consultas oftalmológicas en diferentes niveles de atención. Las autoridades sanitarias recomiendan que las personas mayores de 40 años se realicen revisiones periódicas que incluyan la medición de la presión intraocular, uno de los principales factores de riesgo asociados al glaucoma.

Especialistas del sector señalan que la detección precoz permite frenar la progresión de la enfermedad, aunque la pérdida visual que provoca no puede revertirse. De ahí la importancia de la prevención y de la educación sanitaria en la población, aspectos considerados claves para reducir los casos de ceguera asociados a esta afección.

En hospitales y centros oftalmológicos del país, como el Instituto Cubano de Oftalmología Ramón Pando Ferrer, se desarrollan programas de diagnóstico y tratamiento dirigidos a preservar la salud visual. Allí, cada día, especialistas atienden a pacientes que llegan con la esperanza de detener el avance de una enfermedad que muchas veces comenzó sin que lo advirtieran.

Pero la prevención también comienza fuera de las consultas médicas. Empieza en el conocimiento, en la información que circula entre las familias, en la conciencia de que cuidar la vista es tan importante como atender cualquier otro aspecto de la salud.

Hablar del glaucoma, dedicarle un día en el calendario y recordarlo en los medios no es un gesto simbólico. Es una manera de encender una alerta necesaria.

Porque cuando se trata de la visión, esperar demasiado puede significar perder una parte de la luz con la que miramos el mundo.

 

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