Hoy quiero comentar sobre un fenómeno que marca nuestra época: el influencer. Una figura que, con un teléfono móvil y conexión a internet, logra lo que antes estaba reservado a grandes cadenas de radio y televisión: llegar a miles, incluso millones de personas.

Y usted que me escucha estará de acuerdo en reconocer que los comunicadores de radio y TV han sido, por décadas, referentes de información y entretenimiento. Su voz y su imagen estaban respaldadas por instituciones, por equipos de producción y por códigos profesionales. El influencer, en cambio, se mueve en un terreno más libre: crea contenido desde su casa, sin filtros ni intermediarios, y conecta de manera directa con su audiencia.

¿Ventajas? La cercanía y autenticidad del influencer, que genera confianza y comunidad. ¿Desventajas? La falta de preparación o rigor, que puede derivar en desinformación o en mensajes superficiales. Frente a esto, la radio y la televisión ofrecen mayor credibilidad, pero también menos espontaneidad y menos interacción inmediata., al menos así lo percibo.

En la era digital, el influencer se ha convertido en una figura central de nuestra vida cotidiana. Sus publicaciones marcan tendencias, sus opiniones llegan a millones y su estilo de vida se convierte en aspiración para muchos.

En Cuba, el fenómeno influencer toma fuerza especialmente en la última década, desde que el acceso a internet comenzó a expandirse en 2015. Hoy, una nueva generación de creadores digitales utiliza plataformas como Instagram, TikTok y YouTube para mostrar la vida cotidiana en la isla, compartir humor, música, moda y hasta activismo social.

Un consejo; estamos ante dos mundos que conviven, el tradicional, con su estructura y profesionalismo, y el digital, con su frescura y rapidez. El reto para nosotros, oyentes, espectadores, internautas es aprender a valorar lo mejor de cada uno y a ser críticos frente a lo que consumimos.

Carmen Lieng Mena Lombillo
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