La alimentación durante el embarazo influye de forma directa en la salud de la madre y en el desarrollo del bebé. En esta etapa, el organismo materno presenta cambios que requieren atención a lo que se consume y a la forma en que se organizan las comidas.
La distribución de las comidas debe cubrir todas las frecuencias del día. El desayuno y la merienda de la mañana requieren atención, ya que aportan energía desde las primeras horas.
De forma general resulta recomendable priorizar alimentos como granos, viandas, arroz, frijoles, huevos, leche y derivados, frutas y vegetales de temporada. El agua debe mantenerse como bebida principal, y se recomienda limitar productos con alto contenido de azúcar o sal. Sin embargo cada caso tiene sus propias características por lo que seguir las recomendaciones medicas es siempre la mejor forma de cuidarse en esta etapa.
En la práctica, seguir una dieta adecuada durante el embarazo no siempre resulta fácil. Las limitaciones económicas influyen en la disponibilidad de alimentos y condicionan las elecciones diarias. Además, las náuseas y cambios en el apetito, influyen en lo que se come. Ante esta realidad, resulta necesario aprovechar los alimentos al alcance y buscar orientación en los servicios de salud.
También en esta etapa los profesionales de salud indican suplementos o vitaminas para cubrir nutrientes que no se obtienen con la alimentación habitual.
Lo más importante a tener en cuenta es que la alimentación de la gestante requiere apoyo familiar. El acompañamiento es fundamental para reducir riesgos y favorecer el nacimiento en buenas condiciones.
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