San Antonio de los Baños, Artemisa, Cuba. – En el centenario del natalicio de un hombre que siempre depositó su confianza en los jóvenes —no solo porque vivió su propia juventud con intensidad y productividad, sino porque conservó ese espíritu hasta el último momento y la convicción de que, si la juventud fallaba, todo fallaría—, esa misma fe lo llevó a hacer suyos los sueños y las aspiraciones de las nuevas generaciones.
La Revolución cubana se distinguió, entre otros aspectos, por el ímpetu revolucionario de una vanguardia juvenil que desafió lo imposible y fue testigo del nacimiento heroico de una época que trajo al mundo un ideal luminoso: libertad, justicia social, equidad e igualdad para todos los cubanos.
Ese es Fidel, a quien debemos invocar constantemente como brújula, guía y ejemplo. Y ese ejemplo constituye un legado para nuestras juventudes. ¿Cómo ser fieles a Fidel? Preservar la memoria histórica, acudir donde el deber nos requiera, pensar con autonomía y forjar un marco de ideas que nos oriente hacia una práctica revolucionaria forma parte de ello.
El humanismo de Fidel, su ética revolucionaria, su integridad y firmeza; su permanente sintonía con el sentir popular, su sentido de justicia y su ardiente antiimperialismo, son pilares fundamentales que deben inspirar nuestro actuar en su centenario. La generación del centenario de Fidel debe reflexionar y actuar a la altura de un hombre excepcional. He ahí el desafío que nos plantea la historia: honrar al hombre para quien toda la gloria del mundo cabía en un grano de maíz.
Maybeline Matamoros Álvarez
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