Lázaro González González no llegó a la radio por casualidad, pero tampoco por un camino recto. Antes de convertirse en director de programas, guionista y asesor, trabajaba en un laboratorio dedicado al manejo de animales. Sin embargo, una inquietud lo acompañaba desde siempre. “Tenía una necesidad de integrarme en el mundo artístico, de gustos personales por el arte”, confiesa. Ese deseo lo llevó a estudiar la Licenciatura en Estudios Socioculturales y, finalmente, a tocar las puertas de Radio Ariguanabo, el espacio más cercano donde podía unir vocación y oficio.
Su primer contacto con la emisora fue revelador. “Lo que conocía era solo de escucharla y cuando entré y empecé a ver cómo era, fue algo impresionante”. Ese descubrimiento inicial definió el rumbo de su vida profesional. Después de quince años, lo resume sin titubeos, “Radio Ariguanabo es parte de mi vida. Mi tiempo prácticamente se le dedica en un 90 por ciento a la emisora”.
Lázaro transita por varias especialidades dentro del medio, dirección, guion y asesoría. No escoge una por encima de otra, porque todas lo completan. “Realmente las disfruto todas”, afirma. Aunque reconoce que la escritura lo seduce especialmente: “Me gusta muchísimo escribir, aunque no la llevo más por cuestiones de tiempo y tecnología”. La asesoría, por su parte, le ofrece un espacio de creación distinto: “Es una que me fascina”, confiesa, porque le permite acompañar procesos, orientar y moldear la identidad de los programas.
Para Lázaro, concebir un programa de radio es un acto profundamente creativo. “Vas viendo cómo va surgiendo de ti todo un universo, lo vas formando a partir del sonido”, explica. Ese universo no es abstracto, tiene ritmo, atmósfera e intención. “Vas creando en tu mente cómo debe sonar, cómo debe ser ese ambiente y cómo debe llegarle al público”. Esa visión lo ha llevado a dejar su huella en numerosos espacios de la emisora. Entre ellos menciona «A lo cubano», cuya estructura actual nació bajo su dirección. También «Al caer la tarde», programa que fue su escuela y que hoy dirige; Súper Disco Musical, donde comenzó y aún se mantiene; Mega Sábado, que estuvo en sus manos durante años; y Ecos del Campo, que espera retomar cuando las condiciones lo permitan.
Si algo distingue su trabajo es la sensibilidad musical. Lázaro estudia, busca y selecciona cada pieza con intención. “La radio es sonido y la música es parte de la idiosincrasia del cubano. Se dice que el cubano lleva la música en la sangre”.
Su método combina conocimiento y escucha. “Hay que adecuarse a cada espacio y a quién está dirigido”, explica cuando se le pregunta cómo decide qué música usar, qué instrumental escoger o cómo construir el ambiente sonoro de un programa.
Entre los momentos más significativos de su trayectoria está el reconocimiento obtenido en la Convención Internacional de Radio y Televisión. “Realmente no me lo esperaba, fue algo que me sorprendió”, recuerda. El programa premiado nació de otra de sus pasiones, el cine. “Me basé en un clásico del cine cubano, La Bella de la Alhambra”, cuenta. Aprovechó un aniversario cerrado de la película para rendirle homenaje. “Me documenté mucho en materiales audiovisuales. Fui elaborando el guion completo desde cero”. El resultado obtuvo premio provincial, llegó a la instancia nacional y finalmente alcanzó una mención en la convención internacional.
En un contexto marcado por crisis tecnológicas, económicas y sociales, Lázaro mantiene una visión firme sobre el valor del medio. “A pesar de los pronósticos de que pudiera desaparecer por las nuevas tecnologías, la radio se mantiene ahí”. Para él, la clave está en la cercanía. “Sigue siendo uno de los medios más próximos al público. Muchas informaciones las personas vienen a buscarlas aquí”. Incluso cuando no pueden escucharla, buscan la emisora. “Llaman por teléfono para informarse, para saber qué está pasando”. Por eso, su mirada hacia el futuro es optimista: “La radio seguirá siendo parte de la vida de las personas, del día a día del pueblo”, señala.
Lázaro González González es, ante todo, un creador. Un hombre que encontró en la radio el espacio donde confluyen sus pasiones, el arte, la música, el cine y la palabra. Su historia demuestra que, más allá de las dificultades, la radio es un territorio fértil para quienes saben escuchar y transformar el sonido en experiencia.
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