Mi pueblo, mi identidad

El sentido de pertenencia lo adquirimos desde la infancia. Aún sin tener noción exacta de la vida empezamos a identificar y sentirnos dueños de personas y objetos. Nace así la preferencia por un familiar o por un juguete.Luego somos capaces de determinar quién es nuestro mejor amigo y quererlo como a un hermano. Ocurre igual con la escuela, institución que llegamos a considerar un segundo hogar donde los profesores se convierten en otros padres para uno.

Con el paso de los años elegimos sitios del pueblo para pasear y divertirnos; acudimos a los encuentros deportivos para apoyar al equipo del municipio, y aplaudimos y gritamos porque la victoria de ellos es la de todos los habitantes del territorio.

De tal manera va creciendo en cada uno la identidad por su ciudad natal, el sentimiento de nacionalidad desde la patria chica. Sí. Soy cubano y vivo en San Antonio de los Baños. Decimos con orgullo.

Por ley de la vida perdemos a seres queridos, o el equipo deportivo que defendemos pierde su racha ganadora, o el lugar que visitábamos para estar a gusto ha tenido cambios que ya no resultan del agrado, y poco a poco empezamos a sentir que nos falta algo que era muy nuestro.

Sensación de olvido, abandono y despreocupación transmite ver cómo se ha perdido el patrimonio local en la Villa del Humor. Entiéndase por patrimonio local los monumentos, sitios, tradiciones y objetos que son valiosos para la comunidad y les dan sentido de pertenencias a sus habitantes.

En este comentario, nos referimos específicamente al patrimonio constructivo del Ariguanabo. A sitios como el Cine Casino, La Quintica, la escuela Roberto Valdés Santos, o el círculo de Artesanos. Herencia de generaciones que por la situación de deterioro no lo han podido disfrutar los ariguanabenses más jóvenes, y de seguir así, serán parte de un pasado del municipio y no de su presente.

Estas edificaciones que acabo de mencionar, junto al casco histórico que se encuentra en los alrededores del parque central, y otras construcciones, han sido objeto de debate por el pueblo y el gobierno municipal en disímiles ocasiones.

Y se ha hablado de un presupuesto, de un plan de acción, pero los años no perdonan, ante la morosidad de reparar estos lugares emblemáticos del territorio cada vez se pierde más la esperanza de volverlos a ver en todo su esplendor. Y peor aún, que los que están por nacer no tengan sitios como estos que los hagan sentir orgullosos de su pueblo.

Hoy, la prioridad en San Antonio de los Baños, y en Cuba entera, es salvar vidas, producir alimentos, continuar la preparación de los estudiantes. Estoy consciente de que tenemos asuntos que requieren mayor atención en estos momentos, pero cuando superemos la pandemia en qué lugar de la lista de necesidades a resolver en el municipio volverá a quedar el patrimonio local.

Si permitimos que a la identidad le surjan grietas como a las fachadas de esas edificaciones, sentiremos que hemos perdido una parte nuestra. Y ya no podremos decir que somos de donde hay río, y mucho menos, ariguanabenses.

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