Cuidémonos más y mejor

Percepción de riesgo, ¿cuántas veces hemos escuchado esas palabras, cuando transitamos por más de un año de pandemia? yo diría que demasiadas. Pero… y entonces, ¿por qué no actuamos en correspondencia a la situación?

Las medidas higiénico-sanitarias se repiten a diario hasta el letargo. Sin embargo, todavía existen personas indisciplinadas que no le otorgan a su conducta la responsabilidad que conlleva estar viviendo una pandemia global que se expande con rapidez.

Resulta muy difícil entender que no es tiempo de playas, de fiestas, ni de visitas. El aislamiento social se torna insoportable y muy aburrido. Por supuesto que añoramos nuestra vida de antes, cuando los abrazos no eran un regalo caro y los besos y caricias no constituían un lujo; pero aceptar que  los tiempos cambiaron y que la nueva realidad se viste con nasobuco y se perfuma con  sustancias hidroalcohólicas, es acercarnos un poco más a todo lo que teníamos antes y hoy ya no está.

¿De qué nos sirve entonces la presencia constante del Doctor Durán en nuestras pantallas, si hacemos caso omiso de todo lo que recomienda y aconseja, por qué nos alarmamos con los números de casos positivos, si el día anterior estuvimos en una extensa cola y se nos olvidó el distanciamiento social, porque volvimos a encontrarnos con un amigo que hace mucho no veíamos y el beso en la mejilla no faltó?

Considero que la percepción de riesgo está mal aprendida. La repetimos de memoria sin mucho sentido, y olvidamos que la Covid-19 mata si nos avisan de una fiesta o nos visita alguien cercano. De nada sirven las medidas y restricciones que se establecen sin nuestra cooperación.

Ponerle punto y final a una enfermedad que nos agobia y que cambió el rumbo de nuestras vidas de manera radical, depende en gran parte de nosotros. Cuidémonos más y mejor. Contribuyamos juntos a llegar a ese futuro libre de espacios reglamentarios y confinamientos.

Del autor: