El 12 de junio de 1955 nació el Movimiento Revolucionario 26 de julio, en una reunión clandestina de la joven vanguardia patriótica liderada por Fidel Castro, celebrada en La Habana, con la finalidad de extender su influencia a todo el país y preparar el camino de la insurrección armada, única vía posible entonces para la liberación nacional.

En cautiverio, el joven abogado Fidel Castro fue aislado de sus hermanos de lucha, sin que ello impidiera su firme trabajo ideológico y de orientación al núcleo de combatientes reclusos como él, sobrevivientes de las heroicas acciones de los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, el 26 de julio de 1953.

Su accionar traspasó los muros del antiguo Presidio Modelo de Isla de Pinos y fue el eje de la lucha popular y de masas que hizo triunfar la amnistía y hacer realidad la liberación.

En todo momento Fidel consideraba vivo el movimiento revolucionario que había nucleado antes de las acciones del 53, que incluyó a jóvenes de la talla de Abel Santamaría, el segundo jefe de aquella gesta.

No cesó de concebirlo y tampoco esperó para anunciar su constitución a la salida del presidio, casi a las puertas, diciendo incluso que se llamaría Movimiento 26 de Julio, en una suerte de llamado de atención sobre quienes eran sus integrantes (su calidad moral y propósitos) y un homenaje a los caídos en las acciones de esa fecha.

Aunque no tomó por sorpresa al joven líder, conocedor de la calaña de Fulgencio Batista, el dictador pronto demostró que sus publicitadas maniobras electoreras y “democráticas” eran pura politiquería y se dedicó a perseguir y reprimir con saña los intentos de desplegar formas de lucha por canales públicos.

Así mandó al ejército y sicarios a disolver actos, impedir declaraciones y publicaciones del doctor Fidel Castro en la prensa, y de cualquiera otra organización que lo respaldara.

Preparado para enfrentar la contingencia, Fidel se empeñó también en trabajar clandestinamente en la preparación del Movimiento 26 de Julio, sin que las fuerzas de la tiranía se dieran cuenta.

Si bien había diseñado la organización desde la prisión, la siguió remodelando de acuerdo con las nuevas circunstancias hasta el momento de su creación y luego hasta su partida al exilio, el siete de julio de ese mismo año.

Al movimiento 26 de Julio, cuya dirección inicial en Oriente correspondió a María Antonia Figueroa, se le sumó más adelante Frank País García, su hermano Josué, Vilma Espín y una pléyade de bravos y heroicos jóvenes del oriente cubano, que antes habían integrado su organización Acción Revolucionaria Oriental.

Con la llegada a Cuba de los expedicionarios del Granma, el dos de diciembre de 1956, y la formación del Ejército Rebelde, se catapultó la onda expansiva del Movimiento 26 de Julio, en el que además de los soldados en combate en la Sierra Maestra, militaban campesinos de la zona, estudiantes, trabajadores.

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