Tesoreros literarios en el Ariguanabo

“Los libros son eternos guardianes de la historia, los libros son los amigos que nos esperan siempre con las hojas abiertas, para demostrarnos lo más sublime de la mente humana”

Los libros son realmente tesoros insoslayables, pero para que estos tesoros, algunos con miles y miles de años, permanezcan conservados pues entonces para ello existen los bibliotecarios. Un bibliotecario es un profesional de las bibliotecas. Se trata de una persona que, en el ámbito de una biblioteca o Centro de Documentación desarrolla procedimientos para organizar la información, así como ofrecer servicios para ayudar e instruir a las personas en las maneras más eficientes para identificar y acceder a la información que necesiten, en los diferentes formatos. La tarea de un bibliotecario se ha ido transformando en el tiempo. Han pasado de ser custodios de las colecciones de libros a ser intermediarios entre los usuarios que requieren satisfacer alguna necesidad de información y las colecciones de información que les son confiadas.

El desempeño de estos tesoreros literarios son múltiples: adquisición de nuevos materiales, catalogación y clasificación de los mismos, desarrollo de las colecciones, descarte de materiales obsoletos, establecimiento de políticas o normas de funcionamiento de los centros de información o bibliotecas donde trabajan, conducción de entrevistas de referencia, contratación de servicios y suscripción a revistas impresas o electrónicas, investigación. ¿Sabías que en Cuba se celebra el día del bibliotecario cada 7 de junio?

Instituido por el gobierno revolucionario mediante el Decreto No. 86 del año 1981 en conmemoración del nacimiento del padre de la bibliografía cubana y bibliotecario, Antonio Bachiller y Morales. El 7 de junio es el día para homenajear a los que nos brindan la posibilidad de reencontrarnos con los libros, y San Antonio de los Baños tiene muchos ariguanabenses que dedican su vida a las bibliotecas. Desde hace 20 años Mavié Hernández Corvo es uno de ellos,  dedica sus días a la biblioteca municipal Julio Rosas en el Ariguanabo, pero su amor por la profesión comenzó mucho antes.

“Desde pequeña siempre estuve muy vinculada con el mundo de la lectura porque mi mamá, Maricela Corvo de Armas, fallecida hace un año, casi que fue fundadora de la biblioteca municipal Julio Rosas acá en San Antonio de los Baños. Mi infancia transcurrió corriendo entre libros, comencé a motivarme por la lectura, cuando terminé el preuniversitario estudié un técnico medio en Bibliotecas y me licencié en Estudios Socioculturales.  Lo más gratificante de mi día a dia es ser útil en la biblioteca. Lograr que las personas que vengan en busca de una información se vayan satisfechas, ayudarlos a encontrar el libro por el que vinieron a la biblioteca y si no pues recomendarles otro que cumpla con sus expectativas. Adoro el trabajo de referencia, dar información, dirigir a los lectores en la biblioteca, eso me engrandece.

El amor a los libros lo tengo por mi mamá. Ella dedicó su vida a eso, y me enseñó que la biblioteca está por encima de todo. Ella defendía la biblioteca de nuestro pueblo donde quiera que estuviera, entonces yo creo que la mejor forma de recordarla, de sentirla aún conmigo es trabajando aquí, trabajando en este lugar que ella tanto amó. Dentro de mis posibilidades, que aclaro no son iguales que las de ella pues tenía muchas más cualidades en el sentido profesional que yo, pues trato de que esta la biblioteca por la que tanto luchó se mantenga como a ella le gustaba y que al menos lo que ella hizo sirva para las nuevas generaciones. Creo que hoy, Día del Bibliotecario Cubano, vale destacar ese trabajo que hizo mi mamá, muchas investigaciones relacionadas con las bibliotecas, investigaciones que forman patre también de nuestro centro para que puedan consultarla. Mi madre Maricela Corvo con su labor fue una inspiración para cualquier bibliotecario, porque ella vivía para la biblioteca”.

Pero San Antonio de los Baños no solo cuenta con una biblioteca, la municipal Julio Rosas, sino que en cada centro educacional del Ariguanabo hay una biblioteca y bibliotecarios que dedican también su vida a enseñar desde edades tempranas a amar los libros y reconocer el placer de la lectura.

Vale destacar el trabajo que se realiza en la escuela especial 17 de abril, una biblioteca especial que bajo la tutela de las bibliotecarias Miriam Torres Villareal y Marisol Souto Carballo, pues regala a niños con necesidades educativas especiales, la oportunidad de crecer entre libros.  Según Marisol, quien lleva 39 años trabajando en la enseñanza especial, estas escuelas necesitan de bibliotecarios especiales, bibliotecarios con mucho amor y paciencia para dar.

“Para mí trabajar en la biblioteca de la escuela especial 17 de abril es una bendición. Es el trabajo más hermoso que puede existir, porque enseñar a niños con necesidades educativas especiales a utilizar los libros para realizar una tarea, un trabajo práctico, es una labor que necesita de mucha entrega, para obtener buenos resultados. Cuando veo frutos de mi esfuerzo y mis niños exteriorizan el amor por esos libros, pues es lo más grande. Que ya sean los niños los que vienen a la biblioteca, fuera de sus turnos de clase y me pidan un libro o pidan que les lea un cuento, eso es un gran estímulo para seguir adelante y nunca alejarme del trabajo en la biblioteca de este centro”

Muy parecido le sucede a Miriam, confiesa que en estas bibliotecas de centros de enseñanza especial, pues el bibliotecario tiene que dedicarles mucho más tiempo a los lectores y darles mucho amor.

“Solo con amor se puede lograr que ellos amen la biblioteca, amen los libros, la investigación literaria. Muchos de estos niños tienen falta de amor, entonces a nosotras las bibliotecarias nos corresponde darle cariño con el trabajo, utilizar estos libros tal vez como una psicoterapia, el niño comienza a disfrutar la biblioteca, le vamos enseñando según sus posibilidades y eso es muy gratificante”.

Como Mavié, Marisol y Miriam, hay muchos otros bibliotecarios en San Antonio de los Baños que esperan con ansias el reencuentro del público con los libros. Muchos que han tenido que por primera vez en su vida profesional cerrar las puertas de la biblioteca porque la Covid-19 no entiende de lecturas. Más, con lo que si no puede este virus es con los deseos inmensos de hombres y mujeres consagrados a su profesión que esperan con paciencia la oportunidad de regresar a las bibliotecas y sentir el placer de saberse tesoreros literarios.

 

 

 

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