Martí en lo más alto

El 21 de mayo de 1953, en conmoración al centenario del nacimiento del  Héroe Nacional José Martí se propuso ubicar en el punto más alto de la geografía cubana “El Pico Turquino” un busto del más universal de los cubanos.

La idea de ubicar su imagen en bronce fue propuesta por un grupo de integrantes de la Asociación de Antiguos alumnos del seminario martiano. Gonzalo de Quesada, Director de la Fragua Martiana y presidente de la asociación, acogió la iniciativa y contactó con la escultora Jilma Madera, quien  ejecutó este proyecto con la cooperación del Instituto Nacional de Arqueología del que el doctor Manuel Sánchez Silveira padre de la patriota Celia Sánchez  Manduley era delegado en la provincia de Oriente.

El 17 de mayo partió hacia la ciudad de Santiago de Cuba un grupo conformado por integrantes de la Fragua Martiana .En la mañana del 19, día del aniversario de la caída en combate del maestro, el grupo martiano realizó una guardia de honor en el Mausoleo de Santa Ifigenia que custodia sus restos. Allí los esperaba Celia, su padre y la escultora Jilma Madera.

Más tarde el grupo partió en un camión del Aserradero hasta Arroyo Naranjo. Luego comenzó el fatigoso y peligroso ascenso hasta Altos de Babiney y fue hasta al amanecer del día 21 cuando caminaban en fila india. Por un estrecho sendero de tupidas malezas con la emoción de llegar a la cima del Turquino. La mañana era fría pero soleada, cuando al fin alcanzaron el firme de la cumbre. Habían llegado al Pico Real del Turquino a 1974 metros sobre el nivel del mar. A las 12 del mediodía en un asta improvisada, con una rama de árbol, se izó la bandera cubana y se procedió a develar el busto de Martí. Seguidamente se depositaron flores donadas por los Grupos Martianos de Santiago de Cuba y allí en acto solemne se le dedicaron unas palabras al cubano más universal de todos los tiempos.

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