Mi amigo Sandalio

La tarde de este martes 18 de mayo trajo más que un aguacero en venganza. La tarde llegó y no venía pidiendo amor, desde los primeros destellos anunciaba un torrente de tristeza. Entonces una colega notifica en un grupo en washapp ¡Sandalio falleció!

Y con la noticia la tarde se tornó mucho más gris y mi corazón en dos, tres, cuatro segundos intentó esconderse del dolor en los recuerdos que comparto con Sandalio Camblor.  Y se me estrujó el pecho porque en muchas ocasiones en mis años de periodista entrevisté a Sandalio. Mis amigos de la radio no me dejarán mentir, Sandalio es parte de Radio Ariguanabo. Su voz está aquí eternizada en grabaciones realizadas por casi todos los periodistas del sistema informativo, en los archivos patrimoniales de la emisora.

Se también que este sitio digital extrañara sus comentarios, como yo extrañaré sus notas mensuales, las que me dejaba escritas en el soporte que usted no imaginará–Tú me entiendes- me decía, y solo bastaba el reverso de una caja de cualquier medicamento para dejarme escrita la promoción de su próxima Peña del Río.

Sandalio me dejó entrar a su casa, a su humilde casa, para regalarme un testimonio (el cual guardaré con recelo) sobre su labor a propósito de la jornada por el día de la prensa. La vida es complicada, el lunes compartí en este sitio digital una información para felicitar, homenajear y reconocer a Sandalio Camblor en sus 70 años de vida y hoy, mis palabras titubean ante la encomienda y el deber de despedirlo desde la escritura como se merece.

Radio Ariguanabo te extrañara querido Sandalio, Yawar también te extrañará en la Peña del Río y yo, yo no sé cómo revisar mi registro de llamadas en el móvil sin ver tu número. No sé tampoco si estas palabras serán suficientes para homenajearte Sandalio, mi amigo poeta.

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