Para Caruca

Por: M.Sc. Alejandro Batista Martínez

Hay personas que lo marcan a uno para siempre. Caridad Julia Rodríguez Murciano es una de ellas. La conocí hace unos quince años en su escuela formadora de maestros primarios “Vicente Pérez Noa”, con un nieto de la mano, elegantemente vestida y bailando al ritmo de la orquesta que tocaba en el área de formación. Al alumno de décimo grado que era entonces se le iluminó el rostro al saber que aquella señora era la directora de la institución que amablemente nos acogía en aquella noche. Tiempo después tuve el placer de que nos presentaran y que me invitara a formar parte de su claustro, siendo yo apenas un habilitado en Humanidades. Por cosas de la vida no pude trabajar a su lado entonces.

El tiempo pasó y pasó y pude compartir con ella momentos inolvidables durante su segundo paso por la vicerrectoría docente de nuestro pedagógico Villena. Proyectos en común nos vincularon para siempre. La FEU, la Cátedra Martiana, la Unión de Historiadores, la Asociación de Pedagogos de Cuba, sus nietos que fueron mis alumnos…, estrecharon los vínculos entre ambos y me permitieron nutrirme de su sapiencia vital y tenerla como paradigma de dirigente entregada a la obra educacional.

Nació en la ciudad de Holguín, el 12 de abril de 1951. Graduada de la carrera Profesoral Superior en la especialidad de Historia, en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. Se desempeñó como subdirectora y luego directora de la Filial Pedagógica “Camila Henríquez Ureña”, de Ceiba del Agua, donde condujo la formación de los miembros del Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech”. Fue fundadora del Instituto Superior Pedagógico “Rubén Martínez Villena”, de la entonces provincia de La Habana, como Vicerrectora de Pregrado.

Al fundarse la Escuela de Formación Emergente de Maestros Primarios “Vicente Pérez Noa”, en septiembre de 2001, fue designada su directora, responsabilidad que desempeñó brillantemente durante una década. Allí moldeó la arcilla de los maestros emergentes, en los que creyó siempre, formó un claustro heterogéneo y unido que la venera, e impulsó la creación de un bosque martiano, por solo citar algunos ejemplos.

Retornó a la formación de educadores en la Escuela Pedagógica “Abel Santamaría Cuadrado”, en el Cayo de la Rosa. Trabajó como profesora en la Escuela Militar “Camilo Cienfuegos” de la provincia de Artemisa y retornó a la Universidad de Artemisa para consagrarse al trabajo en el Departamento de Marxismo-Leninismo e Historia. Inspirando, impulsando, ayudando a todos. Siempre haciendo muchas cosas al mismo tiempo.

Las disímiles responsabilidades que ocupó no la apartaron del aula ni de la enseñanza de la Historia. Martiana desde la médula, la superación profesional ha sido constante en su vida. Como ponente o miembro del tribunal participó activamente en eventos de Pedagogía, Universidad, Historia Local, Fórum de Ciencia y Técnica, coloquios martianos y de Ética, entre otros.

Sin lugar a dudas Cary es una de las personalidades de la provincia de Artemisa con mayores aportes a la formación de maestros y a la enseñanza-aprendizaje de la Historia. En sus más de cuarenta años de labor ininterrumpida prestó singular atención al rescate de la historia nacional y local, a la difusión del pensamiento del más universal de los cubanos y a la historia de la educación. Máster en Educación y Profesora Auxiliar no se sentó a escribir libros porque dedicó todo su tiempo a formar hombres de ciencia y conciencia. Su batallar incansable la hizo merecedora del reconocimiento de cuantos la conocimos.

Descansa en paz Caruca. Tus hijos espirituales seguiremos tu obra porque como dijo el Che, “cuando han habido vidas luminosas, no puede haber muertes inútiles”.

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