Ocuparse y preocuparse por los niños

Dylan no me quiere hablar. Lo llamo por teléfono y apenas me presta atención y dice mi hermana que si quiero que me atienda tengo que hablarle de Mickey Mouse, Bob Esponja, o de Dora la exploradora. Que a él, lo único que le interesa son sus muñequitos.

Para que usted me entienda amigo lector, Dylan es mi sobrino de siete años, hace meses que no nos vemos por la pandemia y según mi hermana el niño se niega a hablar hasta con ella y su esposo, porque a él lo único que le interesa es el televisor. ¡Y qué bueno tata! – me asegura- porque yo a Dylan, no tengo que regañarlo, se pasa el día entero viendo muñequitos, ni las tele clases le interesan.

Entonces, entenderá usted amigo mío por qué tata, está del lado acá con la cabeza que me quiere explotar pensando cómo mi hermana no se da cuenta que eso no está bien. No está bien que un niño de siete años, sólo desee estar en contacto con dibujos animados en la televisión, además siempre son los mismos, los memoriza. El lenguaje de mi sobrino es imitativo, no como pan, sino Superburguer como Bob Esponja. No dice guagua sino ómnibus y el plátano para mi sobrino solamente es banana.

Si le hablas mientras está viendo el televisor, grita, llora, le da un ataque porque quiere estar solo, ensimismado y sabe sólo él en qué mundo se refugia de la realidad. Es necesario que los adultos supervisen el horario de la televisión en los niños, que los acompañen si son muy pequeños como Dylan y les expliquen lo que va sucediendo en el filme. Les hablen, que no sólo sea televisor para que me deje lavar y limpiar.  El niño necesita conversar, correr, saltar, jugar a la pelota o a la suiza y no solamente al detective en el teléfono.

Estamos viviendo días muy difíciles de confinamiento. Donde los niños ven en la casa una prisión que los aísla, no sólo del virus, sino de sus amigos, de sus días del círculo o de la escuela y se enajenan. Por eso, me preocupa tanto Dylan que no quiere conversar conmigo cuando con cuatro años corría cuando me veía y decía que era su luna, su estrella y su tía del alma. Cuidado con el tratamiento que le brindan a los niños hoy en casa, porque tal vez están muy seguros y la Covid 19 no es su enemigo, pero sí la soledad, la incomunicación y la desatención. Como le dije a mi hermana: por favor, ocúpate y preocúpate por mi sobrino, quiero volver a hablar con él y oírlo decir que extraña a su tía del alma.

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