Barreras que barren oportunidades

Salgo a trabajar y pienso en Yoel, mi mejor amigo. La calle me invita a pensar en él y su silla de ruedas. Yoel se fracturó la tibia y el peroné y por un tiempo no podrá caminar, por lo que el sillón y él se han vuelto inseparables.

Como el mismo jaranea, el sillón es su carro, su novia, su amigo y su mejor bastón. Aunque yo sé que Yoe no puede estar saliendo mucho a la calle con esto de la pandemia, me pregunto: ¿Cómo se las arreglará con tantas barreras arquitectónicas que ahora mismo tengo a la vista?

Con todos estos obstáculos físicos que impiden que determinados grupos de la población, entre ellos mi amigo Yoel, puedan llegar, acceder o moverse por un espacio urbano. Se trata del tipo más conocido de barrera de accesibilidad, ya que está presente en el medio físico y es la que resulta más evidente a la sociedad. Pero lo peor es que, las barreras arquitectónicas no solo dificultan o impiden la movilidad a las personas con discapacidad, sino también a otros grupos como las personas mayores, personas convalecientes o a las mujeres embarazadas.

Por ejemplo, los bordillos de las aceras son barreras arquitectónicas, ya que impiden que las personas con sillas de ruedas puedan desplazarse fácilmente por las ciudades. También lo son las escaleras sin un recorrido alternativo, mediante rampas o ascensores. Existen otro tipo de barreras como las aceras excesivamente estrechas o mobiliario urbano dispuesto de forma que estorba la movilidad, y ejemplifico esta vez con las macetas en medio de nuestra calle real. ¿Quién pensó en Yoel?, y digo su nombre porque es a quien conozco, pero puede ser Anairis, Osviel, Yunné, mi amigo, su hermano, o el vecino, ¿quién pensó en ellos, amigo lector, cuando colocó justo aquí en cada esquina de la calle real estas macetas?

Para mejorar la accesibilidad en los establecimientos destinados a un uso público, se deben tener en cuenta una serie de aspectos físicos, pensando en que todas las personas tengan acceso a la entrada. Pensar en qué puertas colocar, en el ancho mínimo, además han de ir acompañadas de una manilla en forma de palanca o de una barra horizontal que se accione presionando. Los pasillos y escaleras con pasamanos redondeados, y colocados a dos alturas para poder ser utilizados por personas con marcha inestable y de diferentes tamaños.

Los baños deben ser lo suficientemente ancho y amplio para que pueda acceder una silla de rueda. Además, se debe disponer de barras de apoyo que faciliten el control del movimiento. Por otro lado, el suelo ha de ser antideslizante, los sanitarios y accesorios deben estar a la altura de una silla de ruedas y la grifería ha de ser de fácil manejo. Los interruptores de la luz han de estar situados a la altura suficiente para que se pueda acceder a ellos desde una silla de ruedas. Pero en las cabinas de teléfono, también debe haber, al menos, una no tan a alta para acceder desde una silla de ruedas.

Mi amigo Yoel se recuperará y las barreras para él serán sólo en un intervalo de su vida, pero… y las personas que viven con alguna discapacidad permanente ¿Tendrán que enfrentar siempre estas barreras, porque nadie se acordó de ellos cuando diseñó un espacio público colectivo?

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