Mella entre nosotros

Conocí a Mella cuando era una niña. Así es, no se asombre. Aunque no lo tuve frente a frente, su historia, su vida, su obra revolucionaria y su legado, lo aprendí en mi escuela primaria.

Cada día, desde los 5 años, cruzaba la calle y llegaba a un centro, donde me enseñaron que Julio Antonio Mella es más que un nombre de una escuela, es más que el recuerdo de sus pasos en la antigua sede en ruinas de la Central de Trabajadores de Cuba… Mella es más que ese perfil que aparece en los libros de texto y las láminas con las que se muestra la Historia de Cuba en las aulas.

En cada matutino aprendía su fecha de nacimiento, el nombre de Cecilia Mc Partland y Nicanor Mella, sus padres, su amor, y siempre fue motivo de admiración para cada niño cubano.

Y es que sin dudas, este cubano fue uno de los dirigentes más destacados y líder nato del Movimiento Revolucionario Cubano. Gracias a él se creó una Universidad Popular para los obreros. Poco después comprendió que su mejor servicio sería dedicar todo su saber, todas sus capacidades, a las luchas políticas y económicas del proletariado. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba y uno de los dirigentes más prestigiosos del Movimiento Antiimperialista Latinoamericano.

Pero la tiranía machadista siguió al joven Mella, muy de cerca, sin descanso. Su asesinato en las calles de la capital de México, el 10 de enero de 1929, ha sido uno de los crímenes políticos más sensacionales cometidos en los últimos años en el mundo. Sin duda, todos recuerdan todavía los detalles, aunque sigue vivo en la Federación Estudiantil Universitaria, en la escalinata, en las fotos tomadas por Tina Modotti, en las calles de San Antonio… el aula Magna, en los sindicatos y los congresos obreros.

Su inolvidable frase «Muero por la Revolución» llevaba en sí misma toda la fe y el ímpetu de su acción luchadora.

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