Enseñanzas de valor

Comienza la cuenta regresiva para que concluya el 2020. Un año que dejó huellas imborrables en el mundo. Un año que empujó al rico, al pobre, a los humildes y a los más presumidos hacia el mismo lado de la balanza para luchar juntos contra una pandemia.

Este 2020 trajo grandes enseñanzas al mundo, a los que decían que nada les faltaría, que nada podría contra sus riquezas. Las cadenas de oro de los más ricos fueron guardadas en el mismo cofre con el amuleto de cuero de los más pobres cuando juntos compartieron una sala de terapia enfermos de Covid-19. Entonces, únicamente así, creo que el 2020 trajo también esas enseñanzas. Nos enseñó que somos iguales, frágiles y seres desprovistos de fuerza ante las amenazas. Nos enseñó que el valor de un amigo se prueba en los momentos malos, en los años malos como este. Cuando no pudimos visitarlo en su cumpleaños y una llamada telefónica o un mensaje bastó para acercarlo a nuestro corazón.

El 2020 nos demostró que realmente no somos tan pobres. Que contamos con un tesoro de incalculable valor, que resplandece en cualquier tiempo, incluso en los tiempos más difíciles como este y es la revolución. La revolución que agrupó su ejército de batas blancas para salvarnos de la pandemia a los cubanos y al resto del mundo. La revolución que buscó estrategias para que obras como la educación, la cultura, no se deprimieran ante los azotes del virus. El 2020 nos educó para el resto de nuestras vidas. Nos preparó para enfrentar duros golpes, para creer en la unidad del pueblo cubano, para sostener bajo cualquier circunstancia nuestra bandera.

Cierra ya este año y la lucha no termina. Sin embargo, creo que con él terminarán doce meses inolvidables en los que aprendimos el valor de la familia, el valor de los compañeros de trabajo, de los vecinos, de nuestro gobierno, el valor de sabernos cada día cubanos. El valor de seguir adelante y aplaudir a las nueve de la noche. El valor de sentirnos vivos y luchar por ello.

 

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