Una tarea permanente

El Control Interno es el conjunto de acciones, actividades, planes, políticas, normas, registros, procedimientos y métodos, incluido el entorno, y actitudes que desarrollan autoridades y su personal a cargo, con el objetivo de prevenir posibles riesgos que afectan a una entidad pública.

Se fundamenta en una estructura basada en cinco componentes funcionales: ambiente de control, evaluación de riesgos, actividades de control gerencial, información y comunicación y supervisión.

Estamos refiriéndonos amigo lector a un control interno que debe ser una tarea permanente en cada centro de trabajo, para evitar cualquiera hecho delictivo o de corrupción.

Es la preparación y la organización de una entidad y también de una persona para cumplir su deber. Se trata de organización, educación y exigencia, porque lo que se orienta y no se controla, tiene muy pocas posibilidades de ser cumplido y de perfeccionarse.

Por lo que considero que el control interno debe ser diario, sistemático. El Consejo de Dirección, sus cuadros, deben saber si sus trabajadores están cumpliendo con sus funciones y controlarlos, para minimizar daños y detectar si alguien está actuando de forma incorrecta que pueda perjudicar el trabajo de los demás e incluso el correcto funcionamiento de la entidad.

Creo que  el control interno debemos verlo, no solo como una herramienta para enfrentar el delito y  la corrupción, sino también, como una vía para trabajar mejor y para lograr mayor eficiencia.

Si en todos los lugares existiera el ambiente de control necesario, estoy segura que  el país avanzaría  con mayor velocidad en sus propósitos renovadores. Es esta la única forma de evitar el robo, el desvío de recursos, la falsificación de nóminas y otras anomalías que cada año cuestan a la economía millones de pesos y que van en contra de los valores morales y éticos que caracterizan la sociedad cubana.

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