Reencuentro precavido

Diego mi mejor amigo llegó hace uso días de visita a nuestro país. Después de largos meses sin visitar a su familia finalmente logra estar en casa, con sus padres y cubrir esa lejanía que afrontó solo en un país extranjero durante todo este tiempo de pandemia.

Me sorprendió su llamada, cuando se comunicó  para decirme que desde hace tres días está en su casa natal, aquí en San Antonio y me alertó: ¡Ni se te ocurra venir a verme! estoy aislado dentro de mi propia casa, todavía no tengo besos ni abrazos a disposición, hasta que no llegue el segundo PCR y con él, el resultado negativo. Y me sentí tan orgullosa, siempre supe de su responsabilidad pero hoy con su llamada me demuestra que es un hombre que de veras sabe cuidar a su familia y a sus amigos.

Y es que hoy todos los que arriban a nuestro país deberían ser como mi amigo. Sin embargo, penosamente no siempre sucede así. Escuchamos en la televisión y otros medios de prensa la cifra ascendente de personas enfermas de Covid-19 que llegan del exterior.

Pero a la vez escuchamos de esas personas que llegan y no cumplen con lo establecido. No se aíslan, reciben visitas, hacen fiestas con amigos y familiares. Se burlan de lo establecido por la ley y entonces lo que parece ser un acto de cariño, reencuentro y muestras de amor, se convierte en una irresponsable acción de contagio a personas sanas.

Considero que lo más triste es que esas personas están llegando y no se están cuidando, están enfermando a sus seres más queridos.  La familia, como alertó nuestro  presidente Miguel Díaz-Canel, juega un papel muy importante en esta etapa que estamos viviendo.

Si en casa recibimos a alguien del exterior, pues no podemos estar en la calle, en los centros de trabajo en instituciones y lugares públicos, sin saber si esa persona está sana. Es nuestro deber esperar pacientemente el resultado de los PCR, y velar porque el vínculo en el hogar esté marcado por el distanciamiento físico, la limpieza de las superficies y el uso del nasobuco.

No confiarnos en la típica frase “yo no tengo nada, no me ves, estoy sano”. ¿Y si no es así? Lamentarnos después no es la solución. La solución es autocuidarnos, responsabilizar a todos con esta nueva normalidad, solo así disfrutaremos sin miedo del cariño de esos seres que tanto extrañamos y que hoy vuelven a casa. Y sí, creo que nos merecemos estos reencuentros, pero reencuentros precavidos.

 

 

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