Agradecidos por tanta magia

Diego Armando Maradona es considerado, de forma unánime, como uno de los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos. La magia de su camiseta 10 perdura en la memoria de los argentinos, y también de los napolitanos, en una mezcla de veneración y agradecimiento eterno por la alegría brindada por el Pelusa.

Empezó a jugar al fútbol a los 9 años en el equipo infantil Los Cebollitas. En 1976, a los 15 años, fue contratado por Argentinos Juniors, un importante club de primera división. Un año después fue convocado para jugar en la selección nacional donde se le bautizó como el Pibe de Oro.

A los 17 años, ya era uno de los 25 mejores jugadores argentinos. Al año siguiente, Diego fue el capitán del equipo que ganó el Mundial sub-20 en Japón.

En 1984, fue contratado por el Napoli de Italia y allá tuvo un desempeño brillante, conquistando dos campeonatos italianos (1987 y 1990), una Copa Italia (1987), una Copa UEFA (1989) y una Supercopa Italiana (1990).

Su auge como jugador fue en la Copa del Mundo de 1986 en México, cuando condujo la victoria de la selección argentina sobre Alemania (3-2) en la final. En el mismo mundial, un inspirado Maradona anotó en el partido ante Inglaterra por los cuartos de final dos de sus tantos más memorables: el gol de mano que pasó a la posteridad como «la mano de dios», y la jugada que años después sería elegida como el «gol del siglo>>.

Un entrañable amigo de Cuba y de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro que enamoró a tantos con el balón en los pies, y que dejo este mundo con un legado inquebrantable: prohibido olvidar al Pelusa, al Pibe de Oro, a Diego, hoy que todo el mundo te llora y te agradece por tanta magia.

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