Un sueño de buena voluntad para los niños del mundo

Jeily  tararea la canción y  revisa por última vez: los libros, el portaminas, el estuche con las minas de 0,7  mm (sus preferidas), la goma de borrar, el merendero, el jabón y tres  nasobucos,   todo  está  en la mochila.  Coloca el cuarto nasobuco   sobre su carita. Sonríe al amanecer y parte  dichosa hacia la escuela.

Quizás  por el camino,  la niña de Diez años relacione  la fecha: 20 de noviembre,  con  el cumpleaños de algún familiar,  de la maestra o  de un compañero de aula.  Tal vez piense que se trata de un día menos para convivir con una pandemia que tanto  ha negado en este 2020 a los niños de Cuba y el mundo.

Por el momento,  Jeily desconoce   que en  una jornada como esta, pero en 1989, personas de casi todos los países trazaron un camino para que las niñas como ella asistan  a la escuela, acudan  sin dificultad al médico, accedan  a libros con fascinantes historias, no les falte  el alimento  y puedan disfrutar de la niñez.

La Convención sobre los Derechos del Niño, documento adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas abrió el camino  e instó a los gobiernos para que instituyeran el Día Universal  del Niño, la fecha escogida fue el 20 de noviembre.  Hoy los infantes cubanos  disfrutan de sus derechos  y muestran solidaridad con sus contemporáneos de todo el mundo, sin embargo, en muchas partes del planeta las niñas  como Jeily sufren discriminación y no pueden ir a la escuela junto a los varones, o son obligadas a casarse cuando aún quieren jugar con muñecas; en no pocos territorios los pequeños son obligados a trabajar, muchas veces en condiciones de peligro. En otros lugares el agua potable, los servicios de salud, los alimentos, están prohibidos para ellos; o una cifra muy es víctima de violencia, explotación y abuso.

Los niños cubanos  tienen (entre otros) derecho a la educación, a expresar sus criterios y a ser escuchados,  esto les permite crecer  sin perder la inocencia y desear para sus semejantes u n mundo donde haya paz, progreso, tolerancia. Donde los niños no jueguen a ser mayores y como mayores sufran, vayan a la guerra, se vuelvan sirvientes u obreros para ganarse el pan… Saber  eso les ayudará,  cuando sean adultos, a hacer del 20 de noviembre una realidad para todos y no un mero sueño de la buena voluntad, para que en cada amanecer la niñez sonría a la vida  y  resplandezca  de felicidad.

Del autor:

Janet Pérez Rodríguez

Máster en Ciencias de la Educación. Redactora y reportera de prensa de la emisora Radio Ariguanabo de San Antonio de los Baños