Prevenir para salvar 

Cuando de diabetes  se trata,  la frase más común es: “Aprendes a convivir con ella, lo importante es cuidarse”.

Sin embargo,  cuando la abuela casi perdió la vista y requirió varias veces de hospitalización; la  mamá y la  tía dependen de fármacos y durante el embarazo debes realizarte varias pruebas, porque la genética puede jugarte una mala pasada  y tienes la enfermedad “en la punta de la nariz”, debido  a tu historia familiar; entonces comprendes la importancia de prevenir esta dolencia.

De acuerdo con   estadísticas del Ministerio de Salud Pública,  en  Cuba más de un millón de personas  padecen la enfermedad.  En San Antonio de los Baños son más de 4000 los pacientes  que conviven con ella.

Entre  los factores de riesgo de padecer diabetes están: el sedentarismo, la obesidad (que incluye,  por supuesto,    al  sobrepeso) y  los hábitos no saludables de alimentación. No son los únicos, pero  considero  que esta tríada   posee gran influencia  en los cubanos y en particular en los ariguanabenses.

El mundo moderno impone hábitos sedentarios. Piense amigo lector, cuántos  jóvenes  (y adultos también)   que usted y yo conocemos,  optan  por pasar horas frente a la computadora, el celular o el televisor, en lugar de jugar o practicar deportes al aire libre.

Piense, en cuantas ocasiones obviamos  el desayuno con las prisas mañaneras, para luego  saltarnos el  horario  de merienda  en el cual una taza de café o té  es suficiente.

Esperamos a tener muuuucha hambre para merendar una pizza o un pan con jamón y queso,  después… no almorzamos. El día termina con una cena o comida mucho más tarde de las 6 ó 7 de la noche, en ese horario los alimentos  son almacenados y no metabolizados,  pues generalmente preferimos acostarnos,  trabajar  en la computadora o ver la  televisión.

Otro aspecto importante es la forma de cocinar  los  alimentos, pese al precio del aceite,  elegimos freír. Nada… que  las preferencias  alimentarias están condicionadas por nuestra cultura. No se trata de si la comida es abundante o si está fácil de  conseguir.

Muchos pensarán: en la situación actual hay que comer lo que aparezca. ¿Lo que aparezca o lo que más nos gusta?  A mí también me sucede, créame:   no siempre elijo lo más saludable.

Es difícil  para los  que viven con la enfermedad, para los que están lejos de padecerla y para los que la tienen   cercana (casi en la puntica de la nariz). Sin embargo, ante la probabilidad de manejar  secuelas graves como la ceguera, insuficiencia renal crónica, amputaciones, disfunciones sexuales; así como el costo económico de cada paciente a la familia, al sistema de salud y a la sociedad,  vale la pena cambiar estilos de vida. Recuerde: “En prever está el arte de salvar.”

Del autor:

Janet Pérez Rodríguez

Máster en Ciencias de la Educación. Redactora y reportera de prensa de la emisora Radio Ariguanabo de San Antonio de los Baños