La hija querida de mis sueños

No existía entonces la imponente escalinata presidida por la acogedora imagen del Alma Mater, sino la colina universitaria, escalada aquel 3 de noviembre de 1923 por primera vez en la historia de la Casa de Altos Estudios, por centenares de obreros que a partir de esa fecha se convirtieron en alumnos de una institución excepcional en su época: la Universidad Popular José Martí.

Desde los inicios “estuvo dirigida a elevar el nivel cultural y político-ideológico del proletariado y a despertar su conciencia clasista sobre la base de la defensa de los principios de justicia social que interesaban a todos, bajo el interés esencial de lograr la unión de los obreros con los estudiantes e intelectuales”.

Solo un mes después, la universidad contaba con 500 estudiantes atendidos por los propios alumnos de la universidad. Varios cambios se realizaron en las aulas como habilitar los locales con luz eléctrica, pues las clases se recibían en horario nocturno, y se impartían, entre otras, clases de Biología, Literatura, Historia, Psicología, Matemática y Economía Política.

Esta iniciativa del líder estudiantil constituyó la fragua de líderes y destacados intelectuales de la época como Raúl Roa, Rubén Martínez Villena y Emilio Roig, quienes impartieron clases a los obreros en varios locales sindicales como la Federación de Torcedores de La Habana, la Federación Obrera de Bahía, la Hermandad Ferroviaria y otros locales en nuestro San Antonio de los Baños, en Regla, Guanabacoa y Marianao por la persecución de la que resultaron víctimas, hasta que en 1927 fue clausurado bajo la acusación de “peligroso foco de propaganda comunista” bajo las orientaciones de Gerardo Machado.

La Universidad Popular no sólo fue una escuela para los trabajadores, fue simultáneamente, un centro de formación de revolucionarios, incluidos sus profesores. La propia convivencia con los obreros, el conocimiento y la profundización en sus problemas, identificó a los profesores con los intereses de los alumnos, afianzando sus conductas revolucionarias.

Por su contribución a la siembra de conciencia entre los trabajadores para combatir los males que agobiaban al país y su papel como difusora de la cultura entre las masas, la obra de la Universidad Popular José Martí, “La hija querida de mis sueños”, como la llamó Julio Antonio Mella, continúa viva y enriquecida con universidades al alcance de todos.

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