La historia me absolverá

“Heme aquí en este cuartico del Hospital Civil, adonde me han traído para ser juzgado en sigilo, de modo que no se oiga, que mi voz se apague y nadie se entere de las cosas que voy a decir.”

Así expresó Fidel Castro en el alegato que pronunció el 16 de octubre de 1953, y que ha pasado a nuestros días como La Historia me absolverá. Obra magistral que él mismo pudo reconstruir en la cárcel de Isla de Pinos y encargó a sus compañeras de lucha Haydée Santamaría y Melba Hernández que lo hicieran imprimir clandestinamente, y así también se distribuyó en toda Cuba.

El líder de nuestra Revolución denunció los crímenes cometidos tras los asaltos al Moncada y Bayamo el 26 de julio de 1953, pieza jurídica impecable y programa político que cumplió la Revolución triunfante en sus primeros años, y aún tiene vigencia. Tanta, que hasta se proyectaron en el programa la importancia del turismo para la economía de Cuba, la creación de cooperativas y participación de los trabajadores en algunas industrias, por solo mencionar algunos puntos, luego de la educación, la reforma de la enseñanza, la salud y la solidaridad con otros pueblos.

Desde hace mucho tiempo su alegato de defensa, programático, se multiplicó. No sólo se publicaría en Cuba, sino en casi todas las partes del mundo, en numerosos idiomas.

Es un hecho que marca la historia, define parte de la vida y obra de Fidel, un ejemplo de valentía, de inteligencia, al asumir su propio alegato de autodefensa.

Todos los crímenes fueron denunciados y se dedujeron testimonios de estos para ser juzgados.

La Historia me Absolverá le valió a Fidel varios doctorados Honoris Causa en universidades de América Latina y Europa. Es un documento que no envejece entre los pueblos del mundo que aún no han alcanzado los objetivos fundamentales de libertad y desarrollo. Un ejemplo que debe inculcarse entre las nuevas generaciones de cubanos.

 

 

 

 

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