226 años. Una villa. Una historia

226 años se dice fácil, aún cuando alberga dos siglos y más de dos décadas. Cuántos recuerdos, cuántas historias contadas, cuántas tradiciones…

San Antonio de los Baños, como villa, cumple con este tiempo y lo celebra en medio de una pandemia. Es un año atípico desde todos los puntos de vista, pero la historia de esta tierra va con ella a todas partes, se reconoce a nivel internacional, y ha sido escenario de eventos y actividades culturales únicas de su tipo en Cuba.

El 22 de septiembre de 1794, el Rey de España Carlos IV firmó el Decreto Real de la fundación de la Villa de San Antonio Abad. Desde sus inicios fue lugar de veraneo para los habitantes de la capital y regiones aledañas. Es un municipio de amplio desarrollo cultural, conocido como La Villa del Humor, por la celebración de las Bienales Internacionales de Humorismo Gráfico, la Semana de la cultura ariguanabense y las humorangas, por el Museo del Humor y el río Ariguanabo que en su momento de esplendor dio fama a este terruño entre los leñadores y arrieros que venían de paso.

San Antonio de los Baños tiene una Escuela de Cine y Televisión, donde por más de 30 años se han formado realizadores audiovisuales de todas las latitudes. Viven la utopía, filman en las calles y casas antiguas de este pueblo, interactúan con la gente, conocen de nuestra idiosincracia y nuestros valores como cubanos.

No obstante, se han perdido espacios que en su momento gozaron de esplendor, como el Cine Casino, el Casino Español en una de las esquinas del Parque Central, el Círculo de Artesanos, cuyo proyecto ha demorado años en ejecutarse, otros espacios como la taberna del Tío Cabrera también formaron parte del origen de esta villa, al igual que los parques, la estación del ferrocarril, las calles y los museos.

En cada espacio se atesoran memorias que muchos hijos de esta tierra defienden a capa y espada. Pero la desidia y el abandono también han atentado contra la imagen de la Villa.

El mismo río que dio el gentilicio a quienes aquí nacimos, ve a diario como arrojan desechos sólidos y líquidos en sus aguas, como en las márgenes se acumula la basura. Las céntricas avenidas donde otrora se paseaban las damas y los caballeros, son pistas de carrera donde muchos no respetan las leyes de seguridad vial, y el césped de los parques asume latas, envolturas de confituras y otros desechos, que no merece.

226 años implica el paso irremediable del tiempo, evidentemente, es implacable. Pero sumar a ello la indisciplina social, será destruir cada acción que se realice para restaurar lo envejecido, para rescatar el patrimonio, para conservar lo nuestro.

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