Guardianes del tiempo entre hojas de papel

Vivir entre libros y documentos es la pasión de los bibliotecarios, especialistas en Ciencias de la Información y todos los trabajadores de bibliotecas, librerías y centros donde se manejan estadísticas o archivos.

El paso del tiempo queda registrado en los estantes, que con sumo cuidado ordenan, clasifican, preservan, para que otros puedan acceder a informaciones valiosas de Cuba y el mundo.

En San Antonio de los Baños muchos hombres y mujeres se dedican a esta importante labor, en la librería Punto y Coma, en los archivos de museos, de galerías de arte, de bibliotecas escolares y la biblioteca municipal, que tanto ha sufrido los embates del tiempo, y el deterioro de muchas piezas literarias.

Es lamentable. Los años destruyen lo que con tesón otros construyeron, pero los bibliotecarios como celosos guardianes de la memoria histórica y cultural, atesoran los ejemplares que niños, jóvenes y adultos consultan o compran para su enriquecimiento intelectual.

Así son de mucha utilidad en las tareas escolares, para tesis de maestrías o licenciatura, para seminarios, trabajos prácticos, investigaciones de los universitarios del municipio, y de manera general, para todo el que llegue a estos centros en busca de información.

En lo personal, suelo recordar así a los bibliotecarios, dispuestos, siempre preparados y seguros, cultos y amables. Desde aquellos primeros años en la primaria, en que nos leían cuentos infantiles, fábulas a las que encontrábamos una moraleja, luego, en las secundaria, al debatir sobre sexualidad y educación cívica entre documentos y revistas, en el preuniversitario, la biblioteca fue el refugio de muchas tardes de estudio individual para las pruebas de aptitud de la carrera de Periodismo, y ya en la Universidad de La Habana, la Biblioteca de la Plaza Cadenas, me hizo coincidir con la historia de Cuba, desde la perspectiva de una estudiante que esperaba graduarse con mucha emoción.

Entre los estantes de la Biblioteca Nacional “José Martí” recibí la asesoría de muchos especialistas que indicaban los mejores documentos para mi tesis, oficinas de estadísticas me permitieron recorrer el camino de la migración para reportajes investigativos de clase y en los archivos de la Universidad también consulté periódicos de los años 50, para conocer cómo era la vida estudiantil allí donde el Alma Máter nos abría sus brazos.

Hoy recuerdo con nostalgia aquel olor a libro nuevo y documento antiguo, pero sobre todo, a quienes me guiaron como guardianes del tiempo entre hojas de papel.

 

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