Admirado por los periodistas y por quienes creen en la libertad

Por: Ana Luisa Manso.- En la cárcel sombría y estrecha, los torturadores se mostraron impotentes ante la entereza de Julius Fucik. Le aplicaron los castigos físicos y sicológicos más refinados que lo despojaron de sus dientes y le imprimieron marcas que laceraron su cuerpo, para obligarlo a delatar a sus camaradas de lucha, pero en vano.

Fucík no bajó la cabeza jamás. Nunca puso las rodillas en el suelo ante un guardia servidor del fascismo que el ocho de septiembre de 1943 apagó su vida y sus ansias de libertad.

Como líder de la resistencia antifascista y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, se dedicó al periodismo como arma para denunciar los males de su época y a favor de la sociedad. Durante la ocupación nazi publicó con un seudónimo, hasta que fue detenido por la Gestapo, policía secreta nazi.

Tras las rejas, Fucík utilizó diversos medios de expresión para alentar la resistencia patriótica. En las noches de vigilia, escribió un diario narrado en papelitos de cajetillas de cigarrillos que manos anónimas sacaron de la penitenciaría.

Dos años después de su ejecución se publicó el texto devenido célebre reportaje “Al pie de la horca”, que lo inmortalizó. En él narró las más crudas vivencias del presidio y la historia del movimiento antifascista a favor de la construcción de la justicia social y de la dignidad humana. Expuesto en ocho capítulos, el trabajo conmocionó al mundo contemporáneo y sirvió de inspiración a los revolucionarios.

Su último reportaje, escrito de la manera más insospechada, pero con la lealtad suprema al oficio que desempeñó hasta el último aliento, se tradujo a 80 idiomas y en homenaje póstumo hizo a su autor merecedor del Premio Internacional de la Paz, en 1950.

Más allá de un género periodístico fue una lección de ética y de solidaridad para quienes durante la Segunda Guerra Mundial, lucharon contra el fascismo.

Julius Fucík, mostró el valor y la dignidad de un periodista comprometido con los intereses de su pueblo. Por su desempeño se ganó la admiración y el respeto de sus compatriotas; y se convirtió en ejemplo a imitar por los profesionales de la prensa de generaciones posteriores.

La historia del periodismo universal reconoce su impronta indeleble en el ejercicio de los especialistas de la comunicación. Organizaciones progresistas del mundo, instituyeron el ocho de septiembre, fecha de su muerte, como el Día Internacional del Periodista.

El optimismo de Fucik, basado en la defensa de la razón y su legado de firmeza y dignidad, perdurarán por siempre desde su estatura de periodista y líder audaz.

 

 

 

 

 

 

 

Del autor: