El alcohol no es diversión

Llegó el verano y con él las visitas recurrentes a la playa, al museo, las piscinas y otros lugares de esparcimiento en el territorio y fuera de él. En esta época del año los cubanos después de varios meses de trabajo aprovechan para compartir con la familia.
El intenso calor unido a la compañía invita a ingerir bebidas alcohólicas, que por la idiosincrasia del cubano significa diversión. Cuando se toman bebidas de este tipo, el organismo no reacciona de forma correcta. Por esta razón debemos ser precavidos.
No es un secreto y las cifras de accidentes así demuestran que el timón y la bebida no ligan. El cerebro es uno de los órganos corporales más afectados por el consumo de alcohol. Los primeros efectos que puede experimentar una persona que ha consumido dicha sustancia en cualquier dosis incluyen alteraciones motrices, dificultades para caminar, lentitud en los tiempos de reacción o habla difusa.
Asimismo, existe una serie de consecuencias más graves que aparecen entre los primeros momentos del consumo de alcohol hasta pasadas horas o incluso días tras su ingesta. La ingestión de alcohol conlleva a desequilibrios en la química cerebral que afectan tanto al comportamiento, como a los pensamientos, sentimientos y emociones.
Es frecuente ver a una persona que ingiere alcohol irritarse con facilidad. A pesar de que tradicionalmente el alcohol se emplea como un medio para desinhibirse, sentirse relajados o incluso ser más sociables y extrovertidos; el consumo excesivo de alcohol tiende a transformar estas emociones en ansiedad, agresividad y tristeza o depresión a corto plazo.
El deterioro del hipocampo también es una consecuencia que se manifiesta a través de lapsos en la memoria. No es necesario ingerir alcohol para divertirse, en ocasiones no la pasamos como queremos porque nos sentimos mal por el efecto de esta sustancia en el organismo. Por otra parte, si estamos manejando, no debemos pensar en beber. El chofer tiene sobre si la responsabilidad de cuidar le vida de los que viajan con él y de los peatones en la vía. La responsabilidad es su mayor fortaleza, herramienta que utiliza para rechazar el trago y cuidar así su vida y la de los demás.

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