Un mozalbete, colmado de valor

Raúl Abela Arencibia. Foto: Archivo de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana
Raúl Abela Arencibia. Foto: Archivo de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana

Una vida corta, pero pletórica de combatividad, honradez y disciplina, identificó al revolucionario Raúl Abela Arencibia, hijo adoptivo de San Antonio de los Baños, quien murió de manera inesperada, por la causa que defendió.
Natural del municipio de Aguada de Pasajeros, en la provincia de Cienfuegos; Abela Arencibia vivió con su familia en la villa ariguanabense a partir de 1957; y como muchos coterráneos, decidió unirse a la causa contra el régimen tiránico de Fulgencio Batista.
Como luchador clandestino realizó sabotajes, tareas de propaganda y otras misiones, en favor de la lucha de liberación nacional de Cuba.
Cuando acaeció el triunfo del pueblo cubano; iniciaba el año 1959, y la naciente Revolución enfrentaba a bandas contrarrevolucionarias en diferentes puntos del país.
El abnegado combatiente, fundador del Batallón 164, de las Milicias Nacionales Revolucionarias, participó en la lucha contra bandidos armados quienes operaban en las montañas del Escambray.
Abela Arencibia también demostró su intrepidez en la defensa de Playa Girón. Como miliciano, protegió del ataque yanqui a familias carboneras residentes en la Ciénaga de Zapata; y colaboró en la captura de mercenarios.
Esa intensa entrega a la Revolución, le ofreció la oportunidad de enfrentar nuevas acciones terroristas de los grupos organizados por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, establecidos esa vez, en la provincia de Matanzas.
Allí, el 3 de julio de 1962, Raúl Abela perdió la vida en un accidente, mientras organizaba una de las operaciones armadas defensivas en la lucha contra bandidos. Sus restos descansan en la necrópolis municipal, del territorio del Ariguanabo.
A modo de homenaje, los combatientes de la Revolución Cubana de la organización de base que lleva su nombre, rememoran la intachable trayectoria revolucionaria de Raúl Abela Arencibia; quien, con sólo 23 años, supo cumplir bien la obra de la vida.

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