Existen sueños que marcan nuestra vida. Construirlos requiere de sacrificio y entrega. Jessica Victores Contrera lo supo desde pequeña. El uso de las técnicas de pierna, proyecciones, atrapes, patadas y el deporte de combate hicieron que el taekwondo fuera su pasión.
Así emprendió el camino
Cuando tenía dos añitos fuimos a una escuela militar donde trabajaba mi tío. Había unas mujeres practicando defensa personal, y yo le dije: Tío, quiero ser como ellas. ¿Quién va a creer eso de una niña de dos años? Pocos lo creen, pero fue así.
-Aquella imagen de mujeres valientes nunca se alejó de su cabeza. ¿Cómo encuentras el camino para cumplir tu sueño?
Sucedió cuando tenía nueve años. En la casa mi papá comentó que un amigo suyo deportista iba a enseñarles taekwondo a unos niños. Lo escuché. Me sentí inspirada. Me gustó la idea y quise probar. Esa tarde mi papá me llevó a conocer al profesor. Él me hizo unas pruebas. Patea aquí. Y, sin saber nada, lo hice. Después me dijo: bienvenida al equipo.
-Este es un deporte fuerte para las mujeres. ¿Les gustó a todos tu elección?
Desde ese momento en la casa todo era taekwondo, y yo inventando. Mi mamá ¡no, no, no!. Pero al final sí. Ella quería que yo fuera bailarina, que modelara o estuviera en la vida del arte, esas cosas muy femeninas. El deporte de nosotros es femenino, pero todos decían ay taekwondo, ay, ese deporte.
-¿Y qué pasó después?
Comenzó como un juego: aprender y nada más. No teníamos donde entrenar. Empezamos en un patio, en la hierba, luego en unos rellenos de recortes de suela de zapatos con una lona arriba. Éramos cinco niños, y yo la única hembra.
Usaban cualquier lugar. No tenían sitio fijo. El grupo empezó a tomarlo en serio, y los padres consiguieron un lugar vacío, en muy malas condiciones, pero con esfuerzo se transformaría en la Academia de Taekwondo de Vereda Nueva.
Nadie imaginó que íbamos a competir. Eran muy fuertes las ganas de entrenar y ver resultados. Al tiempo entró en la EIDE un tatami nuevo y, como ya ganábamos primer o segundo lugar en los eventos provinciales, nos entregaron el que quitaron allí. Cuando llegó, hicimos una fiesta.
-Trabajaron duro en los entrenamientos. Todos los días practicaban. ¿Cómo fue la primera competencia?
En San Antonio de los Baños tenían un equipo grande, ya preparado. Mi profesor ajustó todo y fuimos a competir. Aquello fue un desasastre, la verdad. Salí brava porque mi rival por poco me mata, y yo para arriba del fuego, con miedo, pero de frente. El profesor se fue muy contento. Le demostramos valor.

 Jessica Victores Contrera es una atleta consagrada al taewkondo. Foto: Madelín Ramírez Pérez

Jessica Victores Contrera es una atleta consagrada al taewkondo. Foto: Madelín Ramírez Pérez

-La meta de un atleta consiste en alcanzar medallas. La primera que obtuviste, ¿cómo fue?
En Villa Clara, en una zonal de la región central. La invitación llegó a San Antonio, y nos avisaron. Estaba muy nerviosa en la competencia, vomité y no me lo creía. Me presenté a pelear tres veces, gané dos y logré mi primera medalla, de bronce.
Ese promisorio debut le abrió el camino a su carrera. Hace tres años es medallista en cada campeonato nacional. En referencia al torneo más reciente, Iván Fernández, federativo de ese deporte en Cuba, elogió su arrojo. Un dato interesante: hubo integrantes de la preselección nacional que perdieron en la discusión del bronce con atletas de provincia. Sin dudas, aludía también a Jessica.
-Con 18 años, has ganado más de 10 medallas, varios diplomas y reconocimientos en diferentes certámenes. Eso implica dedicación, disciplina y esfuerzo. ¿Qué es ahora el taekwondo para ti?
Mi vida. En esa pequeña palabra entra todo: mi familia, mis amigos. Hace nueve años que vivo por el taekwondo. Ha sido un transcurso un poco difícil. No es fácil entrenar. Pero nunca me he rendido.
-Varias personas han sido muy importantes en tu carrera te ayudaron a construirla.
Mis padres viven cada momento conmigo. Me acompañan a cada competencia. Sufren si pierdo, y celebran cada victoria. También Raicel Brito, mi primer profesor. Es sinónimo de exigencia, nos enseña a amar el deporte, nos quiere. Le gustan las cosas bien hechas, nos inspira a entregarnos y dar todo en el combate. Con él las jornadas de entrenamiento eran divertidas, fuertes, pero entretenidas, por su manera de llegar a los alumnos. Siempre me ha seguido y ahora compartimos como profesores en la pequeña Academia de Taekwondo en Vereda. Y, por supuesto, les agradezco a los demás profesores y especialistas que han contribuido a mi formación, a ayudarme a contruir mi sueño.
-Fuiste invitada como segunda figura en la selección nacional a los Centroamericanos, en la categoría de los 49 kilogramos. Pese a ocupar siempre los tres primeros lugares, no has podido integrar el equipo Cuba. A veces tu tamaño te afecta en estas decisiones… si la vida te diera otra oportunidad…
La aprovecharía. Me esforzaría al máximo, porque en el taekwondo se centra mi vida.
Veo correr una lágrima, y la voz entrecortada no le alcanza para decir más. Esta taekwondoca artemiseña atesora la cinta negra y sus medallas como las joyas más valiosas de una carrera… que aún no termina.

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