Ana Betancourt, una camagüeyana de noble y fuerte espíritu
Por su condición de haber nacido en una familia acaudalada, Ana Betancourt recibió una educación pragmática como correspondía a las mujeres de la época sobre bordado, tejidos, cocina y atenciones hogareñas. Con el paso del tiempo se fue convirtió en una bella joven de ojos negros y expresivos, fuerte espíritu, voz inalterable de timbre dulce y severo a la vez, pero de una majestuosidad apreciable.
Conoció al joven Ignacio Mora de la Pera, proveniente también de una ilustre familia de abolengo con quien contrae nupcias el 17 de agosto de 1854 en la Iglesia de la Soledad. Quiso Ignacio Mora que su esposa no sólo se ocupara en los quehaceres domésticos como era de esperarse, así que promovió el ávido interés de Ana en ampliar sus conocimientos. Gracias a esto y a su dedicación a los estudios, pudo estudiar inglés y francés y alimentar su espíritu con rica literatura y convertirse en una mujer perspicaz y culta.
Camilo Cienfuegos es de ese tipo de hombres cuyas vidas alcanzan dimensión de leyenda y que al mismo tiempo se proyectan y se afirman con fuerza extraordinaria en el quehacer del presente y en la imagen del futuro.
