“Como aves precursoras / de primavera / en Madrid aparecen / las violeteras…” -cantaron muchos en San Antonio de los Baños la primavera de 2002 (exactamente el 16 de marzo), cuando vieron a María Antonia Abad Fernández, Sara Montiel, la Saritísima, la Violetera, en la villa del Ariguanabo.
Mito del cine español y universal (más de 50 filmes protagonizados) y una extensa carrera musical (30 discos e incontables presentaciones teatrales y televisivas), Sara Montiel visitaba Cuba en privado para conocer a la familia de su más fiel admirador y futuro esposo, Antonio (Tony) Noel Hernández Martínez, operador de audio y video y subtitulaje, en la Escuela Internacional de Cine y TV. Pretendía, además, depositar en el Cementerio de Colón parte de las cenizas de su difunto esposo (José Tous Barberán), que había deseado visitar la tierra de su madre y abuelo cubanos.
Aquí la imantación fue mutua. Una multitud expectante seguía sus movimientos por las calles. Cuba le inundaba los sentidos, la sorprendía, y ella, habituada a esas famas, se hacía querer, como una amiga sencilla y de siempre.
De un solar de La Habana Vieja, salió corriendo una mujer que la reconoció. Era una negra delgada y madura que al grito de ¡Sara Montiel...! detuvo el mundo.“Ven a mi casa, por favor -le dijo-, tienes que venir y cantarme, aunque sea un pedacito de La Violetera. Hoy es mi cumpleaños.” La diva entró y cantó.
También Sara había celebrado su cumpleaños recientemente. Nació un 10 de marzo de 1928 en el pueblito manchego de Campo de Criptanay diez años después su familia se establece en Orihuela (La Mancha), villa de sotanas y pastores, como la llamó el poeta Miguel Hernández.
Durante una procesión, un productor la vio cantar y tras un entrenamiento básico, le ofreció trabajo. Lo demás lo hizo su talento y su belleza. Te quiero para mí, fue su primer film que siguió una cadena de producciones cada vez más exitosas: Locura de amor (1948), La mies es mucha (1948), El capitán veneno (1951), con Fernando Fernán Gómez), Furia roja (1951) y Cárcel de mujeres (1951), entre otras.
Encasillada en papeles fáciles de cara bonita, Hollywood fija sus ojos en ella y a partir de 1954 comienza a rodar cintas como: Vera Cruz, con Gary Cooper, Burt Lancaster, Denise Darcel, Run ofthearrwon (El vuelo de la flecha, 1957), con Rod Steiger, Charles Bronson, y Serenade (1956) con Mario Lanza, Joan Fontaine, Vincent Price.
Realiza entre México y Cuba Piel canela (1953) conManolo Fábregas, Ramón Gay, Pedro Vargas y la participación especial de Rosa Fornés.
Yo no creo en los hombres (1961) con Roberto Cañedo, Rebeca Iturbide, Rafael Bertrand,y Frente al pecado de ayer (1955), esta última filmada íntegramente en la isla con importantes artistas cubanos (Alberto González Rubio, Magda Guzmán, Alejandro Lugo, entre otros).
En ella, la actriz se bañaba en un río. Recordó la Montiel que cerca había de un antiguo acueducto romano y un central azucarero, propiedad de la familia Gómez-Mena, quien también ofreció su casa para rodar algunas escenas. Sin dudas, la Violetera de bañó en el Mayabeque.
Tantas vivencias hacían memorables sus días en Cuba, sobre todo, al reencontrarse con Rosita Fornés. La apoteosis ocurrió cuando ambas aparecieron en el cabaret Tropicana.
(Continuará)